Después de una temporada con mucho trabajo de campo quería agradecer su actitud a muchos terratenientes, ganaderos, agricultores y personal de la guarderia forestal de Aragón porque me han hecho comprender gran cantidad de cuestiones que me planteaba acerca del modo de ser de estas personas tan entregadas a sus respectivas tareas.

En primer lugar agradecer a un terrateniente esa paella tan rica con la que pretendía comprarme y todas esas tardes que se acerco hasta donde yo me encontraba trabajando, a pesar de la lluvia, para reirse abiertamente de la inutilidad de mis labores allí. Tampoco puedo olvidar a aquel agradable agricultor que despues de interesarse por mi trabajo censando grullas me transmitia su intención de derribar unos cuantos ejemplares de tan bella especie con su infalible escopeta. Es una lástima que se marchara sin despedirse cuando terminó de gritarme amablemente todo lo que tenía que decir acerca de sus experiencias con la grulla.

Otro agricultor me emocionó enormemente al cortarme el paso con su todoterreno para luego acusarme a grito pelado de haber pisado sus sembrados hacia unas semanas. También este se marchó sin despedirse ni pedirme perdón cuando supo que era la primera vez que transitaba por aquellas tierras. Hace poco tiempo disfrute de una de mis últimas experiencias memorables con un guarda de finca que me instaba enérgicamente a irme de allí alegando que yo no tenía nada que hacer por esas tierras y que me fuera a pasear a otro sitio. Me llegó al alma cuando me comunicó la posibilidad de cerrarme una valla dejandome encerrado en el monte.

Recuerdo con especial sentimiento aquellos dos cazadores que me prohibian el paso por donde ellos estaban diciendome que todo lo que veian mis ojos era propiedad de su sociedad de caza. Nunca los he vuelto a encontrar para decirles que se equivocaban en sus afirmaciones, pues nos encotramos en monte público y ellos no debían saberlo. Me quedara siempre el recuerdo de todos aquellos hombres del campo que motivados por la curiosidad que les despertaba mi oficio me siguieron y observaron durante horas desde sus vehículos, sin atreverse a saludarme, supongo que por timidez.

Especial mención merecen todos esos guardas forestales, ahora agentes de proteccion de la naturaleza, que me animaban a partir de donde quiera que me encontrase. Recuerdo como si fuera ayer aquel forestal que me encontro en un aljibe intentando rescatar a un agonizante Lagarto Ocelado y me informó con todo lujo de detalles de las consecuencias que tendría para mí el contacto físico directo con esta hermosa especie de reptil. Sus sabias palabras me hicieron replantearme lo que estaba a punto de hacer. Que lástima que el tampoco se decidiera a sacar a ese lagarto del aljibe.

En definitiva, pues no me quiero alargar mas con mis agradecimientos, solo quiero añadir que gracias a todos estos hombres (es una pena pero en el campo casi no hay mujeres) he comprendido porque es tan dificil el entendimiento con muchos terratenientes, agricultores, ganaderos, cazadores y forestales. Simplemente es porque estan siempre en posesión de la verdad, porque “poseen” el monte, no necesitan escuchar a nadie, no quieren que nada cambie y porque muchos estan un poco tarados. Porque es necesaria mucha comprensión con ellos, lo mejor sera bailar un poco para que les llueva mucho. La foto es de un camino de Monreal del Campo en diciembre de 2004.

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