De los 20.000 incendios de media que se producen anualmente en este todavía verde país, unos 290 son atribuidos a negligencias por parte de fumadores. La mitad de estos incendios se producen después de que algún desaprensivo arroje una colilla sin apagar a la cuneta. La hierba seca y el verano hacen el resto. Los otros 145 incendios se producen en las cercanías de vías férreas, urbanizaciones, sendas, basureros y pistas forestales.

Cuando los políticos anuncian la prohibición de fumar en el monte y transitar por zonas de alto riesgo están intentando controlar el 0,7 % de los incendios anuales. Por lo tanto esta medida anunciada tan a bombo y platillo resulta de una dudosa eficacia por no decir ridícula. Anualmente hay mas de 3.000 incendios por causas desconocidas (15-20 % del total de incendios anuales) y otros 1.000 por acción de pirómanos (5 % del total). Es este un selecto grupo de enfermos mentales censados por el SEPRONA en 100 individuos para todo el territorio ibérico pero concentrados por Galicia últimamente.

Ahora viene lo mejor y es que un 60-80 % de los incendios que se producen anualmente en nuestro país son intencionados. Un gobierno inteligente se dejaría de leyes estúpidas y tomaría medidas para atajar estas ansias de quemar y terminar de aclarar las causas de ese elevado porcentaje de incendios desconocidos, para así poder determinar nuevas medidas para acabar con este azote de nuestros bosques.

Prohibido prohibir estupideces y confundir al personal, lo que tiene que hacer la Narbona es darse un paseo por el monte, fumándose un cigarrillo tranquilamente, y discurrir un plan mejor que no solo tranquilice al personal si no que funcione de verdad, aunque salga un poco más caro que prohibir.

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