Ha venido andando con la mobilete cogida por el manillar y se ha parado delante del bar de Los Navarros, donde ha entrado a preguntar si tenian algún cuchillo que afilar y le han dado dos bien grandes. No le ha costado mucho arrancar la moto empujando pero se le paraba, hasta que le ha dado bien de gas y ya se le quedaba al ralenti.

Después ha puesto el caballete y enganchado las piedras giratorias con el motor usando una correa de goma algo deteriorada. Y por fin, sin más demora, se ha puesto a afilar, que se veí­a que era lo que estaba deseando. Parecí­a muy concentrado en su tarea porque ha pasado más de 10 minutos desgastando el filo del cuchillo sin levantar la vista para nada.

Luego ha probado el filo con la uña de una forma muy extraña que no he entendido y ha seguido afilando otro poco más. Vuelta a lo de la uña y retoques unas cuantas veces y ha dado por afilado el primer cuchillo. Estos llamados oficios perdidos dejan trastocados a más de uno y algunas personas se paran unos minutos a ver al afilador para luego seguir su marcha con un aire algo nostálgico durante un rato.

Cuando le he pedido permiso para fotografiarlo me ha dicho que hiciera lo que quisiese pero que el era muy feo, aunque la foto ha salido bien guapa.

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