La jardinería ecológica puede considerarse una forma de jardinería sostenible ya que se fundamenta en el uso de especies de plantas autóctonas y la sustitución de herbicidas y abonos orgánicos por otros medios más naturales, como la autorregulación de posibles plagas por otras especies animales presentes en el jardín o el compostaje con los restos vegetales generados en el mismo jardín. Con esto se consigue atraer a la fauna también autóctona al jardín, que se convierte en una extensión del ecosistema en que nos encontremos.Una de las ventajas más inmediata de utilizar especies autóctonas es que no hay que esforzarse en su adaptación al terreno ni al clima, pues ya lo están y a la perfección. Así que el mantenimiento se reduce en alto grado. Aunque existen algunas especies exóticas ampliamente extendidas por todos los jardines de la península y que pueden utilizarse igual que las autóctonas ya que se encuentran muy adaptadas.

Para pensar como un jardinero ecológico hay que replantearse lo que es una “mala hierba” y no descartar el uso de especies antes así consideradas si se ajustan al diseño y necesidades del nuevo jardín ecológico en proyecto.

Gran diversidad de especies en diversos ambientes

La característica más interesante de un jardín de este tipo es el gran número de especies animales que es capaz de atraer y la cantidad de interacciones que se pueden llegar a dar entre ellas y con las plantas del jardín, ya que estas son autóctonas. A la hora de diseñar el jardín hay que tener esto en cuenta e intentar crear distintos espacios para distinta “gente”. Un rincón inaccesible puede resultar idóneo para plantar un zarzal que servirá de cobijo todo el año y además dará alimento a muchas especies de aves al final del verano. Es muy recomendable la instalación de un punto de agua permanente como un estanque que puede atraer alguna especie de anfibio de la zona y que dará de beber a las aves y mamíferos que campean por nuestro jardín o estén de paso por el.

Comida, agua y refugio son las claves para mantener una buena comunidad de vecinos en un jardín y para esto es vital la elección de las plantas y disposición de las mismas que decidamos.

Cuantas más plantas distintas haya en un jardín menor es la posibilidad de una plaga se extienda sin control o por lo menos no afectará a gran cantidad de especies. Si nos hemos esforzado en crear distintos ambientes es probable que una plaga de pulgón pueda ser mantenida a raya o neutralizada por un grupo de mariquitas que depreden sobre ellos y una invasión de caracoles nunca se producirá mientras el jardín este patrullado por un erizo o las ratas campestres que habitan la leñera. Evitamos de esta forma el uso de herbicidas e insecticidas que recargan de veneno las cadenas alimentarias de las que, como seres vivos, formamos parte. Al acabar con los insectos a base de productos químicos estamos contaminando el menú de las ranas y sapos que gozan en el estanque y animan el jardín con sus sonidos y actividad. Para luchar contra alguna especie vegetal invasiva siempre es posible encontrar otra planta que la controle o un animal que de esta se alimente. Hay que investigar si es preciso antes que usar herbicidas, que como se ha dicho son una forma muy venenosa de matar la hierba.

Compostaje ecológico

A la hora de enriquecer la tierra también se evita en un jardín ecológico el uso de abonos artificiales de los que se encuentran en el mercado. Nadie abona los bosques, que se nutren de lo que ellos mismos producen y no solo siguen funcionando sino que se enriquecen a si mismos. Esto también puede hacerse en un jardín ecológico, que es como una pequeña parcela de bosque. Los restos vegetales producidos por el jardín pueden utilizarse para generar compost de forma muy sencilla, pues solo hay que apilar la hierba cortada, los restos de podas, los frutos pasados y todos los restos vegetales posibles en un punto del jardín, bien sea al aire libre o en un recipiente preparado para tal efecto. La fermentación de los restos de la parte inferior del montón genera calor que acelera la descomposición y transformación en compost, a la que ayudan las lombrices y otros animales y hongos. El mantenimiento de este sistema de compostaje natural es muy sencillo y solo hay que remover periódicamente el compost para airearlo y evitar una fermentación extrema que genere productos como fangos o gases algo tóxicos, aunque esto no tiene por que ocurrir y no reviste ningún peligro para la salud mas que algún mareo por malos olores.

Un jardín así mantenido no necesita sacar sus podas a la basura y estos mismos restos se devuelven a la tierra cada primavera convertidos en fértil compost.

Un jardín de inversión mínima

Como se habrá visto hasta ahora un jardín ecológico resulta muy barato de mantener en cuanto a dinero porque no es necesaria inversión en herbicidas, insecticidas ni abonos. Tampoco se invierte mucho en plantas si en vez de acudir a los viveros sabemos proveernos de plantas silvestres por medio de esquejes y semillas, visitando jardines de vecinos o en el campo. En cuanto a la inversión en tiempo muchos no lo consideran un esfuerzo y si un rato relajante y enriquecedor.

Si tenemos un jardín por ejemplo en la ribera del Ebro podemos conseguir un pequeño bosquete de olmos a partir de estaquillas, que nos proteja de los vientos dominantes y proporcione sombra en verano, así como cobijo y lugares para que las aves instalen sus nidos. De la misma forma podemos conseguir por esquejes especies autóctonas como el Saúco, cuyas flores y frutos son comestibles para insectos y aves, o el Endrino, que da cobijo y alimento a las aves y a nosotros pacharán. La Madreselva es una enredadera existente en forma natural en ecosistemas mediterráneos, que puede adquirirse en viveros y con su abundante floración atrae a muchos insectos voladores, como abejas y mariposas que dan colorido y movimiento al jardín a la vez que extiende un agradable olor a su alrededor.

Pensando en verde

Es esta la forma de pensar de un jardinero ecológico; pensando en los beneficios que puede reportarle la introducción de una determinada especie vegetal en el jardín. Muchas veces será por la belleza de la planta misma, otras por dar cobijo a aves cantoras. Algunas plantas se eligen por los numerosos frutos que da a la fauna del jardín o los exquisitos frutos que nos da a nosotros. En ocasiones se necesitan plantas quizá poco llamativas pero de rápido crecimiento y resistentes para la creación de setos o relleno de zonas difíciles del jardín donde otras plantas no han querido crecer, pues las condiciones del suelo son a veces limitantes. Para suelos secos existe una amplia variedad de plantas arbustivas y herbáceas con bonitas flores que además son aromáticas y algunas con aplicaciones medicinales o utilizadas como condimentos en cocina. Entre estas se pueden destacar el Romero, el Tomillo y algunas especies de Salvia, pudiendo conseguirlas todas por esquejes o en viveros. La Malva, el Gordolobo, la Hierba de San Juan, las Margaritas y las Amapolas son plantas a veces consideradas malas hierbas pero que pueden ocupar un lugar en el jardín ecológico combinadas con otras plantas para evitar su propagación sin control, pues las plantas compiten por el espacio, la luz, los nutrientes y el agua y de esta forma se mantienen controladas unas a otras.

Los jardines ecológicos pueden ser lugares de esparcimiento de gran calidad donde encontrar una sosegada tranquilidad y estar muy personalizados según la inversión en tiempo y la creatividad de su jardinero, pero lo interesante es que lleguen a ser casi una extensión natural del ecosistema que lo rodea.

Publicado originalmente por Federico Faci Miguel en el suplemento de Medio Ambiente “Frontera Azul” Nº 86 del Heraldo de Aragón del día 15 de febrero de 2006.
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