Tras la espantada de Endesa –con Manuel Pizarro a la cabeza- respecto del azud en el Ebro, les ha faltado tiempo al alcalde Belloch y al gerente de Expo 2008, Jerónimo Blasco, para salir, con cierta dosis de soberbia, a decir que el azud se haría por encima de todo -me suena a la prepotencia de los que querían hacer el trasvase- y que se ampliaría el plazo para que otras empresas presenten ofertas, porque es una obra imprescindible para le expo.

En cambio, cuando se acabó el plazo de exposición pública del estudio de impacto ambiental de la Expo en Ranillas –en el verano pasado- y nadie presentó alegaciones, no se les ocurrió ampliar el plazo, llamar a los ecologistas críticos y animarles a que alegaran. Entonces bien que anunciaron a los cuatro vientos que no se habían presentado alegaciones.

Con la maniobra de Endesa, hemos sabido que el azud es un proyecto ruinoso. Proyectado en 24 millones de euros, esa empresa hablaba de cerca de 50 millones. Y el jefe de los empresarios zaragozanos, Jesús Morte, decía recientemente que si tuvieran los 60 millones, que lo hacían ellos.

El azud es un despropósito y un anacronismo, además de insostenible ambientalmente. Científicos expertos en aguas vienen diciendo que no debería hacerse. Mientras en el mundo civilizado se derriban azudes y presas y se trabaja por devolver las fluctuaciones naturales a los ríos, aquí sólo piensan en embalsar el Ebro. Veinticuatro millones de euros que pueden emplearse en obras realmente necesarias. Es hora de empezar a cuestionar la viabilidad económica y ambiental del azud.

Texto: lygeum (blog personal en barracuda).
Fotografía: sekano (tramo del Ebro a la altura de Gelsa).

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