Tu vas por el campo, ves un pastor y sigues tu camino pues un rebaño de ovejas con su pastor correspondiente son casi parte del paisaje. La próxima vez prueba el siguiente experimento; te detienes un momento y te pones de cara al paisano mientras levantas una mano o haces un gesto alzando ligeramente la cabeza y dices “uoooooooh” sonoro pero pausado y tranquilo. Puedes hacer ambas cosas al tiempo, el resultado es el mismo, acabas de activar una conversación con un pastor. Es probable que antes de que se acerque lo suficiente como para iniciar el intercambio de palabras te encuentres rodeado por sus eufóricos perros pero no pierdas la calma que no suelen morder. Lo máximo es que cojas pulgas si les das muchas licencias, así que lo mejor es no hacerles mucho caso a no ser que los canes sean una de tus pasiones.

Se aprende mucho si comentas el tiempo que hace con el pastor. Trás una pausa puedes mirar el rebaño e intentar estimar el número de cabezas. Si quieres también el de patas, que se obtiene multiplicando el primero por cuatro y restando alguna si hay ovejas cojas. Nunca acertarás así que lo mejor es preguntar y seguro que te cuenta algún detalle más, como que las dos cabras no son suyas pero el Feliciano se las ha dejado pa que coman por ahí porque las quiere destetar de la madre o que esa de cabeza negra se la compró a Eusebio por que le gustaba las pintas que hacía. A estas alturas no te espantes si de repente Manuel el pastor pega un grito como “¡Aiiiiiiiibaaaaa….. Eaaaaaaah… ehhhh” porque no se dirigue a tí, es que a visto que se le van las ovejas al campo de al lado que esta cultivado de trigo y avisa a los perros para que controlen el tema. Si tiene perros jóvenes estos se ensañan con las ovejas y puede caer un segundo grito para que paren de azuzar al ganado que lo están revolviendo mucho.

En unos cinco minutos se puede tener una buena charla con un pastor, así que si tiene faena que hacer es un buen momento para despedirse del pastor y proseguir la marcha antes de que se le desboque el rebaño, que parece que no pero hay que saber llevarlas. Claro que si son las tres de la tarde de un caluroso verano también está la opción de coger un capazo con Manuel bajo alguna sombra y charrar de lo que sea.

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