El otro día pase por un camino del parque eólico La Atalaya (Pedrola) y encontré los cadáveres de dos Buitres Leonados (Gyps fulvus) y un Milano Negro (Milvus migrans). Las primeras dos fotos son de un Buitre seccionado en dos por la pala de un aerogenerador. El cadaver era bastante reciente ya que la sangre estaba fresca, al igual que el del Milano Negro. Esto se explica porque hay días en que las condiciones climatológicas, ya sea por fuertes vientos, lluvia o poca visibilidad, dificultan el vuelo de las aves y se producen varios accidentes en un corto espacio de tiempo. Por cierto, el Buitre estaba anillado con 2 plásticos rojos en la pata derecha y uno blanco, más ancho que los otros, en la izquierda donde también tenía una anilla metálica con la inscripción TY-2336, aunque no estoy del todo seguro de las letras porque estaban algo desgastadas. la tercera foto es el cuerpo del Milano Negro en un labrado a los pies de un molino. Al rato de estos hallazgos encontré un tercer cadaver de rapaz dificil de identificar pero que parecía un esqueleto de otro Buitre Leonado.

A la semana siguiente fui con Barracuda a dar una vuelta y recorrer el parque entero. En una mañana recorrimos con el coche las pistas de la instalación, que cuenta con unas 87 máquinas, y bajamos de vez en cuando a rodear algunos molinos a pie cuando la lluvía lo permitía. En la última alineación aparecieron tres cadáveres de Buitre Leonado. La última foto es el ala seccionada de un Buitre que había quedado semienterrada en un campo después de que el tractor le hubiera pasado por encima. El otro ala estaba unos 20 m más alejada y el cuerpo no lo encontramos. La cuarta foto es quizá la más inquietante para mi porque se trata de otro esqueleto de Buitre que debió accidentarse hace ya muchos meses y estaba a tan sólo 10 m de la base de un aerogenerador.

El que un ave de este tamaño colisione con un aerogenerador y su cadaver pueda pudrirse completamente a escasos metros del molino evidencia la ausencia de un seguimiento ambiental para determinar la mortalidad producida por este parque. Esta situación puede ser normal en este caso, pues la ley obliga a la empresa explotadora de la instalación a tres años se seguimiento y la fecha de construcción de este parque es de 2002. Después de estos tres estudios anuales, que en ocasiones no son años consecutivos, el parque puede seguir matando sin que nadie lo sepa. Lo triste es que estos estudios de mortalidad sirvan solo para “cumplir” con la legislación; afirmación que cae por su propio peso ya que ningún parque ha sido detenido ni modificada la situación de ninguna máquina en vistas de los resultados de su estudio de mortalidad durante la fase de explotación. También resaltar que los empleados de mantenimiento de un parque eólico se pasan el día de una máquina a otra y de reparación en reparación y es extraño que no vean los cadáveres de los Buitres, que muchas veces están en medio del camino o a la vista en un campo pelado. Su obligación es dar parte a las autoridades pero es menos problemático hacer la vista gorda que al bicho ya se lo comeran los gusanos.

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