El Sapo partero no es como el resto de sapos, que vuelven a sus asuntos después de unas noches de marcha y sexo a tope en la charca. Incluso la hembra del partero se desentiende de la prole una vez que ha puesto los huevos, pero el macho los recoge sin dejarse ni uno y se los carga a las espaldas. Los llevará con el a donde vaya y los mantiene húmedos mientras los renacuajos crecen en el interior de los huevos. Cuando sus hijos necesiten salir para completar su ciclo y sufrir la metamorfosis, que los transformará en minúsculos sapitos, papa partero los transportará al punto de agua que elija donde al fin se deshace del preciado paquete. El sapo de la imagen está a punto de depositar los huevos en una balsa de riego abandonada que hay en los Montes de Torrero. Sus hijos compartirán charca con Sapos corredores y Sapos de espuelas.

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