El Toro de Osborne nació en 1956 como publicidad de la marca de brandy pero hoy son pocos los que no lo ven como un símbolo. Al principio sólo medían 4 metros de altura pero una normativa de 1962 obligaba a alejar los carteles publicitarios de la carretera, así que se construyeron los de 14 metros actuales, que tienen una superficie de 150 metros cuadrados y un peso total (junto con cimientos de hormigón) de unas 50 toneladas.

Hay unos 90 Toros de Osborne repartidos por la geografía española, incluyendo Baleares y Canarias. Además hay alguno instalado en Méjico. Mi preferido es el de Pina de Ebro, en el punto kilométrico 365 de la AP-2. De siempre he conocido estos parajes como El Campo del Toro, de la misma forma que bautice a otros más al este como El Campo del Lagarto por encontrar un Lagarto Ocelado la primera vez que los visité. Sin embargo, si visitan la zona, no pregunten por estas toponimias, ya que se reducen exclusivamente al ámbito familiar.

El Reglamento General de Carreteras del MOPTMA de 1994 supuso una amenaza para la manada de toros, aunque en 1997 el Tribunal Supremo resolvió que la silueta del Toro de Osborne “ha superado su sentido inicial y se ha integrado en el paisaje” y continua diciendo que “debe prevalecer, como causa que justifica su conservación, el interés estético o cultural, que la colectividad ha atribuido a la esfinge del toro”.

Hoy el Toro de Osborne cumple 50 años y Desde el Sekano le damos la enhorabuena y deseamos que cumpla otros 50 y siga sin oxidarse.

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