Entre Fuendetodos y La Puebla de Albortón hay unos curiosos tajos en la roca llamados focinos. Estos enclaves presentan un alto interés botánico ya que ofrecen protección contra las inclemencias del tiempo y el suelo acumula más humedad que en otros lugares del monte. Es muy característica la formación de pequeños bosquetes de Almez o Litonero (Celtis australis) que se desarrolla con soltura incluso en los canchales. Las zonas más abruptas las ocupa la Sabina Negral (Juniperus phoenicea) aunque puede descubrirse algún ejemplar aislado de Sabina Albar (Juniperus thurifera).

El microclima que envuelve a los focinos permite que crezcan plantas tan raras en la estepa aragonesa como este Culantrillo. También hay Acer monspesulanum aunque no pude verlo en esta visita del domingo pasado. Me llamaron poderosamente la atención los relieves de los cortados y la frondosa vegetación que presentaban a pesar de que las paredes de roca no parezcan muy adecuadas para las plantas. Se trataba sobre todo de la resistente Sabina Negra y algunos pies del Espino Negro (Rhamnus lycioides). Para descubrir que otras especies pueblan estos relieves te tendrás que desplazar hasta los focinos y encontrar la entrada por la parte inferior, ya que por la cabecera son inaccesibles sin cuerdas de escalada.

Estos relieves han ido evolucionando debido a procesos de meteorización mecánica que degradan y erosionan la roca. El agente más importante es el agua, que penetra en grietas y al congelarse aumenta de volumen. A esto se le denomina gelifracción o crioclastia. Además, al tratarse de roca caliza, se produce también un tipo de meteorización química llamado disolución cárstica o carbonatación y que se basa en la acción disolvente del agua con ácido carbónico disuelto. De esta forma se forman cuevas en el interior de la roca, que la debilitan frente a otros agentes.

Por último, mi meteorización preferida es la biológica. Los animales pueden aumentar el nivel de dióxido de carbono o de algunos ácidos en zonas de rocas. No puede despreciarse la orina de los animales, porque estos son muchos y la tierra tiene mucha paciencia para esperar millones de años. Además, todos estos procesos se combinan y suman sus efectos para desgastar la roca.

En esta imagen vemos un bloque calizo desprendido del cortado. La pared pudo ceder ante los procesos de gelifracción o al desplomarse el techo de una galería formada por carbonatación. El caso es que la degradación de la roca no termina cuando esta se separa de la pared. Un Guillomo (Amelanchier ovalis) que crece sobre el peñasco lleva varios años engrosando sus raíces en medio de la piedra. Es seguro que lo conseguirá, pues la grieta es cada vez más amplia y la planta más fuerte. La foto del principio del post es una visión más global del Durillo en uno de los focinos.

Desde lejos los focinos son muchas veces invisibles y lo único que se ve es una gran mancha de pinar de Pinus halepensis. En el llano, el secano. En la plana, los molinos y más secano y más monte bajo. Sin duda se trata de un ecosistema con microclimas propios muy interesantes de conservar y, por cierto, en muy buen estado todavía.

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