Este Fardacho o Lagarto Ocelado (Lacerta lepida) fue sacado el pasado mes de mayo del aljibe de las abejas en el secano de Valmadrid. En el campo colindante hay bastantes panales de abejas y este año hay una nueva hilera de colmenas a escasos 20 metros del aljibe. Los rescates aquí son tensos, sobre todo si hace calor y las abejas andan inquietas.

Ese día picaba el sol y el aljibe presentaba abundante tráfico aéreo. Algunas abejas colisionaron con el Sr. Ruiz, que dio la voz de alarma y comenzó a dar zancadas hacia los coches. El resto del grupo, que aun no había llegado a la zona, se dio media vuelta y me quede a solas con Manuel Lorenzo, el Fardacho y las abejas. Luego de una breve pausa para confirmar que las abejas no iban a dar guerra me dispuse a rescatar al Fardacho y también un joven Sapo Corredor (Bufo calamita).

Como se aprecia en la foto anterior Manuel Lorenzo se aleja presuroso del aljibe una vez que le coloco el reptil en la malla. Como tantas veces, el sekano es abandonado a su suerte entre hordas de abejas que deciden no picarle como la última vez, que lo hicieron en plena ceja.

Por cierto, debemos agradecer estas fotos a Paco Albalá, otro integrante del grupo que se preocupó de documentar los hechos a una distancia prudencial. Cuando pensamos que todos habían huido nos equivocábamos.

En la foto anterior podemos observar como los miembros de Asafona se aglutinan compulsivamente en torno al animal para fusilarlo a fotones. No se decoloró por los pelos. El Sr. Ruiz se prepara para desenfundar su cámara mientras yo no se que hago porque ese día me deje la cámara en casa.

El Fardacho al verse acorralado abrió sus poderosas fauces para intimidar al agresor y fue entonces cuando vimos que mostraba varias picaduras de abeja en la boca. Supongo que en las interminables horas que paso en el aljibe fue atacado por estas aunque cabe la posibilidad de que la hambruna le empujara a alimentarse de las mismas.

En contra de mi opinión, de dejar que la naturaleza siguiera su curso inalterada, a Manuel Lorenzo se le ocurrió dar utilidad a unas pinzas que sustrajo a un colega suyo y propuso extraerle uno de los aguijones, que se veía con intestinos de abeja y todo. Las potentes manazas del Sr. Ruiz sujetaron las mandíbulas del paciente mientras Lorenzo sacaba el aguijón con la maestría de un neurocirujano. Fue una operación rápida y limpia que no causó daños al Fardacho, aunque desconocemos si todo el veneno se había vertido ya en su torrente sanguíneo.

No puedo finalizar el post sin esta foto de Manuel Lorenzo en un dulce cara a cara con el Fardacho que fue su paciente. Sin duda fue el héroe del día. O, por lo menos, así lo quiere creer él y quien puede negarle unos minutos de gloria a este incansable cazador sin escopeta.

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