Este hermoso paisaje marciano ha sido fotografiado en la cara oculta de las estepas de Muel-Épila, un lugar misterioso cercado por la autovía mudejar y la A-2 Madrid-Barcelona.

A pesar de que los parques eólicos han invadido las cotas más altas, sobreviven el Águila Real y el Buho Real. Pueden verse casi todas las esteparias excepto la Avutarda aunque es posible que se esconda en algún rincón. Quedan todavía Mochuelos y Lechuzas y es frecuente ver Ganga ibérica y Ganga Ortega acudiendo a las balsas a beber. Hay Sisón (o sisote), mucho Alcaravanes y grandes bandos de Chova Piquirroja sobrevuelan el territorio. Es zona de paso y descanso del Buitre Leonado y muy cerca, en las vales de María, he detectado incluso la presencia del Rocín o Alondra de Dupont (me resisto a lo de ricotí).

La herpetofauna es si cabe más sorprendente y queda por confirmar o descartar la presencia de la escasa Víbora hocicuda. Los Sapos corredores, comunes y parteros son habituales pero también se pueden encontrar los moteados y los de espuelas. Hay balsas y aljibes de aguas permanentes donde encontrar enormes ranas, tarea dificil en estos tiempos de retroceso para el antes omnipresente anfibio. Fardachos, Culebras bastardas y las de escalera se hacen enormes por estas zonas.

Los mamíferos están bien representados con el elenco que cabe esperar de Jabali, Zorro, Conejo, Liebre, Tejón y Lirón careto pero también podemos encontrar rarezas como la Musarañita o toparnos con un Corzo.

Este es el aspecto original del paisaje marciano. La única modificación han sido los tonos rojizos atmosféricos y el saturado del suelo.

El mundo de los insectos me es más desconocido pero sólo hace falta un entomólogo intensivo para descubrir grandes maravillas como en su momento Javier Blasco escrutó Los Monegros en busca de centenares de especies endémicas y muchas nuevas para la ciencia.

Cada una de las estepas aragonesas merece la consideración de parque nacional aunque poca gente lo sepa ver. Es posible que casi todos los ecosistemas ibéricos merezcan ser protegidos. Por muy similares que parezcan, no hay dos paisajes iguales y no hay un solo metro de tierra virgen que no albergue algo desconocido para la ciencia y para todos nosotros.

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