Siempre que lo veo sentado en ese banco tengo que hacerle una foto. Cuando comparo fotos de distintos años descubro con estupor que este tipo no parece envejecer.

Dice no saber estar quieto y es verdad. Sus manos siempre tienen tierra. Dale una planta cualquiera y la hará crecer y florecer, la propagará y regalará macetas.

A veces luego se arrepiente y pierde plantas. Del Cosmos que crecía entre las hortalizas no se acordaba ni tampoco de una increíble variedad de Papaverácea de jardín que dejó perder, al enterarse de que era una variedad de Opio pero con muchísimos pétalos.

En 2008 os lo presente como el jardinero en su selva. Sigue con sus gatos, periquitos, tortugas y, sobre todo, sus plantas.

En breve os presentaré también el estanque que me ha encargado que le construya a medida en un precioso patio que tiene junto a la casa.

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