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El pueblo de los escribas

María Luisa amaba la lectura. Para ella, los libros (pliegos, la mayoría de las veces) eran documentos  de gran valor que transmitían historias maravillosas, algunas veces sobre las obras de santos y apóstoles, otras veces sobre lo mundano de la vida en el campo, las siembras, los amores, la alegría de vivir o la muerte.

Con un libro que desprendía un tenue olor a cuero y completamente ensimismada junto a la ventana la encontró su doncella de cámara.

-Tenemos que partir, señora, el carro la espera abajo.

Tras el último aborto María Luisa aún estaba delicada y el traqueteo del carruaje no la ayudó en absoluto a sentirse mejor, llegó al pueblo semi inconsciente y febril, por lo que no pudo notar ni la expectación que causó su llegada, ni el recibimiento que quisieron darle los chiquillos, las mujeres y decorosamente más apartados, los hombres.

Estuvo enferma muchos días, guardando cama y sin recibir más visitas que las del médico, las de su doncella y, por supuesto, las de su esposo: Don Artal de Aragón.

Un alegre día de primavera se sintió con fuerzas suficientes para dar un paseo hasta el convento, aunque el médico desaprobó tal idea no pudo hacer nada para disuadirla, puesto que María Luisa Fernández de Heredia era de físico frágil y menudo pero de temperamento obstinado, noble y tenaz.

Cogida del brazo de su doncella y apoyada en un bastón salió a la fresca mañana de mayo, sus embotados sentidos no estaban preparados para la explosión de olores, colores y sonidos que la embargaron.

Pina era una villa muy hermosa y próspera, muchas de sus casas lucían intrincados artesonados de madera en sus aleros y saledizos, las puertas abiertas permitían ver patios frescos y llenos de flores y plantas y la mayoría de las calles eran de tierra pero otras, más afortunadas sin duda, estaban empedradas con guijarros del cercano río.

La mayoría de la gente se encontraba laboreando en los campos así que, hasta la iglesia, sólo tuvieron de acompañante el muro semi derruido que separó la parte cristiana y la árabe del pueblo hacía ya un tiempo.

La recibió su marido en la puerta del convento, consternado por la palidez de su rostro, junto a él un hombre enjuto, completamente calvo y con ojos afables inclinaba la cabeza.

-Pasad esposa, cogeos de mi brazo, el prior nos enseñará cómo está quedando todo.

La voz del prior era grave y bien modulada; un auténtico narrador que fue desgranando la historia de la construcción. Contó anécdotas que hicieron reír a María Luisa, tragedias que también habían acontecido, como el derrumbamiento de parte del claustro sobre varios constructores “lo que nos hizo ver la necesidad de construir los arcos pareados, ya que los que se habían hecho antes no soportaban el peso de la techumbre”, agradeció infinidad de veces la ayuda que el mecenazgo de los Condes había supuesto para poder finalizar la iglesia y el convento y, finalmente, parándose ante una austera doble puerta de madera pidió que la señora hiciese una selección de libros que creyese que debían incluirse en la biblioteca.

-¿Biblioteca?- preguntó sorprendida.

El mismo Artal abrió las puertas, María Luisa ahogó un grito; ante ella se abría, alta y luminosa, una espléndida biblioteca, una sala rectangular no muy grande, con estanterías de madera hasta arriba, algunas de ellas repletas de libros, otras vacías, en medio de la sala cuatro monjes inclinados sobre sus pliegos leían o transcribían de un libro a otro.

-Escribanos, su ilustrísima-dijo el prior respondiendo a una pregunta no formulada- se encargan de copiar códices, de traducir del latín, de coser encuadernaciones…

Pero María Luisa no escuchaba y ajena a lo poco habitual que era que una mujer se pasease por allí se acercó a las estanterías. Había biblias de todos los tamaños y medidas, en latín, en castellano, en italiano, en francés y en varios idiomas más. Había libros de cantigas, canto gregoriano, poemas de apóstoles, glosarios, también encontró varios tomos sobre usos de plantas medicinales, arquitectura, matemáticas e incluso un libro sumamente atrevido sobre anatomía humana.

Paseó con sus dedos por los lomos; texturas suaves de cuero viejo, pergaminos antiquísimos, pliegos de papel rugoso y apenas tratado, inspiró profundamente el perfume de esa sala, a los olores propios de los libros se sumaba el olor de algunos cirios que iluminaban los rincones más oscuros, el olor penetrante de la tinta y el perfume ácido del ungüento con el que se pegaba el pan de oro.

Después los Condes entraron en la iglesia anexa y rezaron.

Todo aquello le pareció a la condesa una maravilla, un pequeño tesoro que había que preservar y con la obstinación que la caracterizaba y sintiéndose fuerte comenzó a recopilar libros y enviarlos a San Salvador, mandó a buscar ediciones especiales a Londres, Roma, Nápoles, consiguió réplicas y originales preciosos de los afamados monjes del Císter en Francia (auténticas antigüedades) y nuevos frailes acudieron a aprender y a establecer una pequeña imprenta, de esta forma la biblioteca del convento de San Salvador se convirtió en una de las más completas y bellas de la región.

El devenir del tiempo y los acontecimientos de décadas y siglos posteriores no fueron excesivamente benevolentes ni con la biblioteca ni con el convento; un incendio devastador se llevó consigo la sala de los escribanos y todo lo que en ella había, incluidos dos monjes.

La desamortización de Mendizábal desalojó a los frailes que quedaban dos siglos después y la guerra terminó de destruir lo que quedaba en pie del convento.

Los habitantes de Pina no saben que hace tantas centurias su pueblo fue considerado “de escribas”, es un hecho que no ha tenido eco histórico, ni documental. Sin embargo, si María Luisa mirase atentamente a la Pina actual comprobaría complacida que en la villa sigue habiendo escribanos o escritores, tampoco le sorprendería ver donde se situará la futura biblioteca ya que ésta se levanta exactamente en el mismo lugar donde existió la de los monjes.

Todo esto le haría pensar que, de una manera casi sobrenatural, Pina sigue siendo el pueblo de los escribas.

(Relato ganador presentado al XVIII concurso de relatos de la Villa de Pina de Ebro)

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2 comentarios

  1. barbie-genio

    Impresionante!!!!! Eres un crack!!!! Me quito el sombrero….millones de congratulaciones!!!!!

  2. Gracias Barbie! cojonudo el nick por cierto jajajaaja!!

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