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La historia de un silbido

Se hace un círculo juntando el pulgar y el dedo corazón. Los demás dedos no interfieren así que deben alejarse del perímetro formado por esos dos otros dedos.
Metes la punta de ese círculo en tu boca, levantando la lengua hacia el paladar, y silbas.
Si eres un as te sale a la primera.
Si eres algo zoquete, primero escupes babas, suenas a balón pinchado y si te sale sonido es más parecido a un globo desinflándose que a un silbido propiamente dicho.

Hace un año yo era del segundo grupo.
Comencé a silbar cuando mis críos se alejaban largaban, pasaba de gritar cual presidenta de la liga marujil del pueblo, así que pensé que un silbido quedaba más cool.

Como mis críos son, además de requeteguapos, sordos selectivos, el silbidito no funcionaba, y desarrollé la técnica arriba explicada.

¡Oh, milagroso sonido! de pronto vi que reconocían mi «voz» de entre todas las voces y siempre se giraban a mirarme. A veces me saludaban con la mano y en raras ocasiones acudían.
Cada vez que silbo para que uno de mis retoños (suele ser el mayor) vuelva a mi, pueden pasar tres cosas:
1- que me salga la explosión de babas, en este caso, aunque no haya nadie observándome, siempre (y repito; siempre) hago un comentario en voz alta, del tipo «vaya mierda» o «cagüenlamar» como si me quisiese excusar ante algún ser invisible que no tuviese nada mejor que hacer que ver como una tipa que se cree competente la pifia silbando.

2- que me salga un silbido tan agudo, tan largo y tan perfecto que varias personas de los alrededores se giren para ver de donde procede tan fantástico sonido. En este caso también suelo sonrojarme y no tengo huevos a repetirlo, así que al final opto por el tercer punto…

3- grito a pulmón libre
¡y que viva la presidenta de la liga marujil!

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2 comentarios

  1. Creo que hay gente que genéticamente estamos imposibilitados para este tipo de silbido. Llevo toda la vida intentándolo y no hay manera. Y otra vez me he llenado de babas la mano siguiendo tus malditas explicaciones. Muchas gracias 😉

  2. Todo es encontrar los dedos que más le gusten a tu lengua 😉

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