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Band of brothers

Son dos, me tienen loca y son hermanos.

También son mis hijos, dicho sea de paso, y ni en cien años se me habría ocurrido que llegaría a tener tales preciosidades.

Cada uno es de una manera (completamente opuesta, en muchas cosas) pero de lo que quiero hablar es de como son como hermanos, de como es esa hermandad, que no es la suma de sus dos personalidades, si no una tercera personalidad que viene a sumarse a la vida en nuestra casa.

La hermandad me tiene como la dueña suprema del mundo, como ejemplo esta conversación:

-Mamá, quédate con nosotros hasta que nos durmamos.

-¿Y por que yo? -(apréciese el tono latente de escaqueo en la pregunta)

-Porque te queremos.

-¡Jope!, ¿y papá?, ¿no puede ser él o que?

-A ti te queremos más.

Y punto, no hay discusión que valga. La hermandad sabe bien lo que quiere.

Otras veces no tiene ni idea de qué necesita y se pone plasta. En estas ocasiones es cuando un oyente ajeno a mi modus operandi, quedaría horrorizado al oírme hablar de la hermandad con expresiones como: «me voy a sacar a los galgos, a que corran un poco» en vez de «nos vamos a pasear» o «¡Arreando que se abren los toriles!» en vez de «¡Venga, saliendo que nos vamos!».

¿Pensaría ese oyente que mis niños son seres apagados y traumatizados porque su madre los animaliza? es posible. También es posible que se sorprendiese al oír decir al mayor, montado en su bici y al pequeño en su mini moto «¡Di lo de los galgos, venga! ¡¡que salimos en carrera!!»

La hermandad también nos está enseñando a realizar un ejercicio cuasi místico de paciencia, de hecho, es cuestión de tiempo que nos llamen del Tibet para impartirles alguna lección de como permanecer sosegado cuando todo a tu alrededor es caos y destrucción.

Hemos descubierto que, además de padres (a veces brillantes, a veces penosos), somos unos auténticos estrategas, capaces de oler en el ambiente el tono hermanístico:

-«Hoy están muy majos»= nos podemos ir a comprar con ellos, si hace falta (este estado es engañoso, por otro lado, puede revertirse en cualquier momento y lugar)

-«Hoy están supertranquilos»= ¡déjalos en paz!. Centramos todos nuestros esfuerzos en mantener las condiciones atmosféricas, de presión, de humedad y socio-políticas para que ese clima permanezca inalterado y sigan tranquilos (este estado es sumamente ilusorio ya que están tranquilos hasta que descubren que sus padres están ahí y pueden empezar a pedir cosas sin parar)

-«Hoy están cansinos»= tendremos que encontrar un juego molón, familiar y educativo (los padres modernos somos así, lo de jugar por jugar no vale, tiene que ser educativo si no, sentimos que nuestros hijos dejan de aprender cosas importantísimas para la vida)

-«Hoy me quiero cortar las venas»= divide y venceremos, tu te quedas con el mayor, yo con el pequeño y así, disolviendo la hermandad podremos llegar a la hora de dormir sin que nuestra casa se convierta en un desquicie almodovariano.

Y hasta aquí la lección de hoy.  No he contado todo pero apréciese tras el tono guasón de la entrada cierto subtono de desesperación y saturación mental. Una banda de hermanos como esta necesita mucho sol, mucho espacio y mucho trato personal, comida casera (y de abuelas de vez en cuando) y tener al alcance de sus tiernas manos y pies: pelotas, grava, arena, arboles para trepar, palos, piedras, bicis, cuadrilla de amigotes (el mayor de cuatro ya tiene panda), colores, acuarelas, barro, papá y mamá, a todas horas y de todas las maneras, tios cañeros, tías molonas, yayos y abuelas…en realidad, no necesitan nada que no les podamos dar.

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1 comentario

  1. Estibaliz

    Simplemente.. Me encanta!!!! 😀

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