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Miedo a la oscuridad

Tener miedo sirve para seguir vivo. Si tienes miedo, te vuelves cauto, te «alertificas» para asegurarte de que ningún tigre dientes-de-sable te devora. El miedo te hace moverte hacia un sitio más seguro o te hace permanecer quieto para pasar desapercibido.

En esta explicación que me acabo de currar, a medio camino entre el sesudo análisis antropológico y el «lleva las bragas limpias por si acaso» de mi abuela, el miedo a la oscuridad es el que más me desconcierta.

Lo confieso, tengo miedo a la oscuridad, y no me refiero a «¡ugh!, enciende la luz que tengo miedo de darme un hostión con la puerta»; no, me refiero al miedo cerval de que en la oscuridad habitan seres monstruosos que se esconden bajo la cama o dentro del armario (o, lo que es peor, ¡en los dos sitios a la vez!) y fantasmas que están esperándome, agazapados en el hueco de la escalera, a que vaya al baño de madrugada.

Este miedo siempre está ahí, solo que algunas temporadas se aletarga. Reconozco que desde que soy madre se ha mitigado bastante, por eso de que vives las noches de otra manera, te despiertas más y aprendes a caminar en penumbras para no desvelar a nadie.

No obstante, por si algún miedoso como yo, cae por este sitio, aquí van las pequeñas reglas que me hacen más llevadero este miedo irracional:

Nunca, y digo, NUNCA, apagues una luz sin haber encendido antes la siguiente.

– Antes de meterte en la cama asegúrate de que las puertas de los armarios están correctamente cerradas.

– Asegúrate también de que no hay ropas tiradas de cualquier manera sobre mesas o sillas. Una inocente montañita de ropa a la luz del día, puede convertirse en un hombre de cuencas vacías que te observa a los pies de la cama en cuanto se paga la luz y estás a punto de dormirte.

– No veas pelis de miedo antes de ir a dormir. Tu cerebro te recordará las imágenes más acojonantes cuando todo esté a oscuras y en silencio.

– En épocas de brote miedil, vete al chino, pilla una bombillita de enchufe para niños y repítete como un mantra que eso es algo temporal. Nadie tiene por qué saberlo.

-Tápate hasta el cuello. Por todos es sabido que a los monstruos les gusta cogerte de los brazos si los sacas por encima de la colcha.

-Si tienes niños que ya se pasan a tu habitación y hablan, pídeles que para despertarte te agiten un poco del hombro. No hay nada más espeluznante para los miedosos a la oscuridad que el susurro de un niño en mitad de la noche en plan «en ocasiones veo muertos».

Si eres miedoso de la oscuridad y has aterrizado aquí, por casualidad o no, alégrate. Ya no estás solo.

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4 comentarios

  1. -Tápate más!! Hasta la oreja!!!!! Por todos es sabido que a Drácula le gustan los cuellos y que el aliento de los monstruos es frío y susurrante.
    -Si tienes niños, mételos en tu cama directamente en las noches de soledad por viaje -o lo que sea- del que duerme a tu lado. Son retacos, no te van a salvar de los monstruos, pero si tocas ‘mare’ (no sé si esto se entiende fuera de las comunidades catalano/valenciano parlantes) conciliarás el sueño.
    -Duerme con unas tijeras en la mesita de noche, a tiro de mano por si vienen.
    -No aprietes fuerte los ojos porque cuando los abras verás lucecitas y te morirás de miedo.
    Ufff. Me alegro de no estar sola a los 41.
    Firmado, una ex niña con terrores nocturnos que recorría a oscuras un pasillo quilométrico para ir a la habitación de sus padres. Te digo yo que ahora no sé si lo haría.
    Se me ha quedado la piel de gallina.

  2. Que alegrón que te pases por aquí!
    Somos muchos los que tuvimos (tenemos, a ratos) miedo a la oscuridad, cada uno tiene sus trucos para sobrellevarlo.
    Lo del pasillo de km me ha llegado al alma, no eres la primera que me cuenta el recorrido infernalmente largo hasta el cuarto de los padres.
    Un abrazo!

  3. Anonymous

    ¿Miedo a qué? ¿No sería maravilloso comprobar, ser testigos de que, en efecto, hay algo más?

  4. Precisamente ese «algo más» que dices, ¡es lo que me da miedo! ¡no quiero ser testigo de nada!;)

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