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Los tres pares de zapatos del perro cohete

zapatos-verano-2012-colores-calzadoComo su vida le debía parecer un sinsentido temporal carente de diversión y riesgo, insulsa de emociones y situaciones limite, decidieron casarse en tres semanas.

Pero resultó que la gente que curra donde se iban a casar; el ayuntamiento, la concejala, el restaurante, los pequeños artesanos locales a los que les fueron encargando cosillas, parecían estar entrenados en las más modernas técnicas de planificación y efectividad y nadie (repito, nadie) les puso una cara rara jamás cuando decían «el bodorrio sera en tres semanas», al contrario, todos parecían hinchar el pecho cual palomos y decían «no hay problema».

Pero poco sospechaban, ¡ingenuos!, que la novia estaba zumbada y quería lo que se podría denominar en Reino Unido una «high risk wedding» y en mi pueblo «¡una boda p’a pillarse los dedos!, ¡redios!»

Frustrada por la rapidez con la que su salerosa madre le encontró un vestido y con la velocidad fulgurante con la que el novio quedó entrajetado y requeteguapo, la novia decidió complicarse la existencia con los zapatos.

-¿Acaso no eran preciosos esos zapatos del escaparate?, blancos, negros, beiges, ¿acaso no quedan hermosisimos en tus pies de novia?

-No, disculpe, es que los quiero naranjas o verdes o amarillos. Porque he decidido ser la caña de España y aunque todo el mundo me lo desaconseja estoy un poco loca y además a las novias no les chista ni Janderklander, ¿entendido?

Así que la novia se metió en internet y encontró los zapatos del color que quería.

Encargó un par. De charol. Su número de pie.

Al día siguiente, consumida por las dudas (eternas en una novia)encargó el segundo par. Del mismo color. Sin charol. Su número de pie.

Llegó el primer par. Además de que le venían gigantes, constató que el charol combinado con ciertos colores le dan un toque putarra a la vestimenta. Decidió devolverlos.

Como en el camino venían otros, también del mismo numero, encargó el tercer par. Sin charol. Un número menos.

A esas alturas su cabeza era un hervidero de zapatos y tallas donde nada más tenia cabida.

Llegó el segundo par. El transportista era el mismo que la vez anterior así que la novia pensó que debería explicarse un poco «no creas que estoy zumbada, es que no me convencen», el muchacho sonríe «tranquila» y en esos momentos la novia decide lanzar la bomba «pues aun tendrás que venir una vez mas a la semana que viene porque acabo de encargar un tercer par y luego a la siguiente porque devolveré los que no me voy a quedar»

El segundo par no quedaban mal, no eran tan inmensos como los de charol, no obstante, la novia aguardaba impaciente la llegada del numero menos.

Unos días mas tarde llegaron. Quedaban bien. La novia se los quedó y preparó la devolucion de los otros pares.

Por cierto, perro cohete es el nombre de la marca en castellano.

El novio, flipando en colores, cuenta la historia a todo aquel que se acerque a escuchar de como durante los días previos a su boda su casa se lleno de zapatos de colores.

La novia, cuando es preguntada por el tema, ríe de forma nerviosa e histriónica. Se dice que aún no lo ha superado.

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1 comentario

  1. Un poco de música para el relax. La imagino como banda sonora mientras el repartidor va y viene trayendo y llevando paquetes…

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