Si piensas que las cosas mas horribles te van a pasar.
Si una pelea absurda de pareja te hace llorar demasiado rato, desmedidamente.
Si notas que tienes miedo de todo, de todos, miedos infundados, miedos concretos.
Si temes perder el control y no recuperarte nunca.

Si esta letra te parece una balada, entonces, bienvenido a mi balada particular.
No hay nada que hacer, mezclo los dos polos de la existencia, nacer y morir.
Desear que mi padre resucite.
Desear que mi tercer hijo no nazca.
Tengo miedo de que sucedan las dos cosas anteriores, porque no deseo a mi padre de vuelta, ni a mi bebe muerto.

Muchas veces digo «hablar de algo no hace que ese algo te suceda», faltaría más. Pero, tengo miedo de que esta vez sea así.

Dejarse fluir por los reinos del temor, sin esforzarse por salir y sin hundirse mas de lo que ya estoy es muy difícil. No quiero que nadie me anime, no quiero que nadie me desanime.

La octava ecografía de mi vida.
El bebé se mueve, no mucho. El corazón le late. Mide como mi dedo índice. Dicen que es demasiado pronto para notar como se mueve, pero lo noto. Golpeteos, espasmos.

En la esquina, arriba del todo (creo).
El nicho de mi padre es fácil de encontrar. Aún no tiene lápida. Ayudé a mi madre a escogerla hace unos días, una negra, sin florituras.

Abuelo y nieto están donde les corresponde estar en este momento y parece ser que les importa bien poco donde esté el otro. No saben que la llegada de uno y la marcha del otro han hecho que yo sea la que esté en todas partes y en ninguna a la vez.