«Joder, joder que no sea una preñada»
Es una preñada

«Mierdas, ¡encima que no se vea como la rajan!»
Se ve

«Halaaa! ¿y me van a hacer ver como se muere ella?, ¡al menos salvaran al bebe no?
Todos muertos

Con estos escalofriantes pensamientos me he enganchado como una perra a la serie «The Knick»

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Si, es la típica serie de médicos y hospitales.
Si, hay un médico algo borde y rolletes (sexuales y no) entre unos y otros. También hay médicos residentes, conductores de ambulancia, directivos del hospital, inspectores de sanidad…

Pero, es distinta a todas las demás. Está ambientada en un hospital neoyorkino de principios del siglo XX y la gracia de estar ambientada en esa época radica en que los procedimientos médicos eran de 1900, por lo tanto, te vas a enterar, querido espectador, de todos los detalles quirúrgicos y terapéuticos que se estilaban por esos años.

Vestuario de 1900. Procedimientos de 1900. Situación política de 1900.
Banda sonora del futuro.
Otra de las cosas que me ha fascinado de esta serie es su música, que descoloca la primera vez que la oyes.
¿Acaso no te cortocircuita estar viendo imágenes de un carro tirado por caballos en las calles de una ciudad del siglo pasado con este acompañamiento?

Os digo lo de siempre cuando hago un comentario sobre un libro o un autor o, en este caso, una serie, si queréis información veraz os vais a la wikipedia, yo solo os vomitaré sapos y culebras si no me ha gustado u os patearé el culo de forma metafórica para que vayáis a leer o ver algo a toda máquina.
Con esta serie lo digo clarito, vedla, no me seáis muy escrupulosos con la sangre y el bisturí y os garantizo una primera temporada (se ha firmado para grabar la segunda, thank god!) repleta de un no se qué parecido a la drogadicción.