Según Mac, el paseo ideal seria asomarse al balcón, encaramarse al tejado y darse una vuelta por una ciudad o un pueblo sin pisar el suelo, pasando de azotea en azotea, de tejado en tejado.

¿Por qué recuerdo esto ahora? pues porque el otro día, en casa de mi amiga Georgia, me asomé a su balcón y vi que el tejado de la casa de al lado (tejas ruinosas y llenas de plantas y cacas de paloma) estaba a tiro piedra. Subirse a la barandilla y Zas!

Gato Tejado de Leticia Zamora

Gato Tejado de Leticia Zamora

Georgia decia algo sobre la merienda que se estaban tomando nuestros hijos o a lo mejor me estaba contando algo sobre la casa de enfrente o sobre la histórica fundación de Tbilisi, no se.
Yo ya no estaba allí con ellos. Me habia subido en mi tejado particular y caminaba a zancadas por las tejas de una casa deshabitada.
No me podia creer mi suerte. Caminar por los tejados es terapéutico.
Nadie te ve, nadie mira nunca hacia arriba. Todos caminan mirando al suelo o a las fachadas, a lo sumo. Algunos miran al frente. Nadie me ve.
Desde arriba veo las chimeneas por las que ya sale olor a madera en el fuego. Veo liquen amarillo, esperando paciente a la lluvia para invadirlo todo. El liquen no sabe que la lluvia por aqui se hace rara de ver.
Veo las copas de los chopos que bordean el río, estan ahi mismo, solo estirar los dedos y tocarlas.
Hay cucarachas y ratones que huyen a mi paso. Y gatos sorprendidos de verme por ahi que siguen tomando el sol templado. A los gatos les da igual por donde vaya.

Desde el tejado oigo a la gente hablar por la calle, algunos hablan muy alto, otros van en silencio, como yo.

El tejado se acaba, abajo cruza una calle. No pasa nada. Se saltar de uno a otro.
¿No os lo he dicho? A veces vuelo. Pero esta vez caminar es mejor, cuando vuelo temo estrellarme contra los cables de alta tensión o contra la estacion espacial MIR.

Estoy al otro lado con un halehop! ha sido facil. Estoy cerca de la casa donde vivi de pequeña, a veces he sentido curiosidad por volver a entrar pero hoy no. Las paredes y techos interiores serían como una cárcel para mi ánimo.
Hoy necesito tener el cielo abierto sobre mi. Cielo de la tarde, con olor a madera.
Muy lejos se ve la carretera y más tejados que explorar.
Esta parte del pueblo es vieja y sus casas húmedas.

Me siento al lado de un palomar. Esta cegado con ladrillos. Me gustaria retroceder al día mismo en el que las tejas sobre las que estoy fueron nuevas.
¿Quien las metio en un horno cuando solo eran de barro?, ¿Que albañil las puso ahi arriba?, ¿Donde estan ahora esas personas?, como fueron sus vidas?

Comienza a hacer frio. Oigo grajillas, se reúnen para ir a los dormideros y una cigüeña pasa volando muy cerca.
Creo que debería volver.

-¿Quieres bizcocho tú?
Georgia me mira con un cuchillo en la mano. Sigo asomada a su balcón.

Dentro de un rato estare pisando la calle de nuevo y me conformaré con paredes y techos.