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La intrusa

«Anxiety» de Toby Allen

No la tengo en wasap. Ni la llamo a tomar café aunque ella esta conmigo todo el rato. No duermo con ella, al llegar la noche se agazapa en un rincón y me mira huraña, con un poco de suerte no soñare con dientes que se me caen, con hijos que se me mueren o con casas abandonadas.
No la nombro con nadie pero mis pensamientos le hacen un hueco que a veces es tan grande que yo no soy yo. Se infiltra hasta mi plasma sanguíneo, invisible, insidiosa y cruel.
No la quiero, no es buena, pero no se como librarme de ella.
Mi pedacito de ansiedad.
Va y viene.
Cuando esta, tengo presagios de que algo terrible va a suceder, pero como ya me la conozco sabe que no debe inocularme pensamientos catastróficos exagerados, no me los creería. Mi ansiedad no me llena la cabeza con inundaciones, ni con jaurías de perros salvajes, ni con fantasmas.
Un cuchillo que se clava en un ojo.
Un atropello.
Un cáncer devorándome sin que lo sepa.
No tener casa.
Convertirme en una mujer mezquina y desencantada.
¡Oh si! lo sabe hacer muy bien. No me acelera el corazón. No me impide dormir. No hace que me medique…pero sabe instalarse hondo y susurrarme lo inepta que soy para estar contenta. Le gusta mucho verme oscura y cansada.
La ansiedad es la nave nodriza, los pensamientos intrusos son la caballería.

El futuro le encanta. Ese ignoto e inexistente mar de hielo azul, lo que será, lo que llegará. A mi ansiedad le chifla prepararme escenarios cotidianos y creíbles pero aderezados con accidentes, pérdidas y desbordamiento. Me los muestra cuando mas débil me siento; «me ha quedado precioso, ¿no crees?»
No, no creo.

Esta ahí, sobre mi hombro, cada vez que me preguntan «¿que tal?».
«oh, Sendita, contéstales que estas bien, aunque sea mentira, nadie te tomara demasiado en serio si les hablas de mi»

Pero he descubierto su punto ciego, el que me vale a mi: caminar.
Cada día 6 kilómetros de asfalto la alejan lo suficiente como para pensar con claridad y darme cuenta de lo que ocupa.
Caminando la delimito y eso a ella, que es tan amiga de la expansión, la descoloca.

Desde fuera soy una chica más con deportivas, empujando un carrito. Pero, en realidad, soy una vagabunda.
Y estoy en lucha.

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4 comentarios

  1. M

    Yo también. Vagabunda, fugitiva…No se puede explicar mejor…

  2. M hola. Asi estamos. Es como pelearse contra molinos gigantes invisibles. Se puede mantener a raya pero para eso tienes que «verla» y eso cuesta.

  3. Bitrix

    Lucharemos juntas. La mía es más hija puta…va de guay de colega con ese look rockero y camisetas de tachuelas..juega al despiste con sus cambios d humor e intenta confundirme. A veces lo consigue pero cuando encuentro el valor de mirarla a la cara,con una sola mirada la fulmino 🙂

  4. Atir

    Pues la mía…… un punto ciego en el plexo que poco a poco ocupa más espacio y deja menos aire.
    Hace años era peor y he conseguido acotarla. Cómo? Distrayéndola y cargando con ella al lomo como si fuera un bebé por no echarla a patadas de casa.

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