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Vida de un carnet de biblioteca

-Oye, esos tres libros apilados en la estantería…¿son de la biblio?
-Sip
-Los tendrás que devolver ¿no? estoy harto de verlos pulular por casa.
-Aun tengo tiempo, los saque hace poco.

Hace poco fue el 3 de diciembre.
¡Maldición!, mi registro del continuo espacio-tiempo ha debido sufrir alguna avería y la consecuencia es que no puedo sacar libros hasta mayo.
Pero soy demasiado lista (¡muhuhuhahaha!) y cuando nacieron mis hijos, además de darlos de alta como seres humanos en el registro, les saque un carnet de biblioteca, por si me daba un ataque lector sin precedentes…y sobre todo por si me pasaba de fechas.
Asi que con carnet de HijoMediano estoy sancionada pero sigo sacando libros con los demás.

Mis carnetes de biblioteca me hacen sentir Gollum -«son miooos, ¡mioooossss!«-. Tienen varias residencias, la principal es en una solapa de mi monedero.
El que fabricó mi monedero era un artesano del cuero que pensó que estaría bien dotarlo de un pequeño bolsillito para guardar una o dos tarjetas y el DNI. Cuando compré el monedero entendí la idea y le metí eso: una tarjeta y el DNI, pero luego vino la tarjeta de DIA, el carnet de conducir, la del médico de HijoMayor, HijoMediano, HijoPequeño y la mía, la orgullosa tarjeta de familia numerosa, una Maestro desmagnetizada…el cuero se estiro y se estiro, el monedero gruñía («¡maldita sea!, no podre resistir tanta tensión»)
Pero resistió.
Y yo pensé que por un poco más de hacinamiento no pasaría nada así que metí a la familia de carnetes de biblio. Pero no contaba con que eran de temperamento explorador e indómito y, aprovechando que el monedero estaba tan petado que no se podía cerrar, se escaparon por el bolso.
Así fue como pasaron a su segunda residencia.

El bolso es una cavidad diáfana con un pequeño bolsillo de cremallera rota en la parte superior. Todo lo que se mete allí cae por la irresistible fuerza gravitatoria hasta el fondo. El bolso tiene cierto espíritu de comunismo cutre de andar por casa así que en él, todos los objetos pululan al mismo nivel, nada de «este bolsillito para el móvil», «este para las llaves», «este para los tampones».…no.

Sin embargo, los carnetes eran felices allí, no tenían a la vieja gloria de la maestro desmagnetizada cantando sus tiempos pasados en los que siempre estaba en números rojos, ni a la petarda de la familia numerosa exigiendo más y más ayudas y más y más descuentos, ni siquiera tenían que soportar las continuas hipocondrías de las tarjetas del servicio de Salud.
En el fondo de aquel habitáculo de tela oscura congeniaron a las mil maravillas con unos puntos de aproximación que también se habían fugado de su caja y con unas migas de galleta Dinosaurus de Lu cuyo blíster de plástico había quedado destrozado por culpa de las llaves (¡que arrogantes son las llaves!).

Cuando busco cosas en el bolso meto la mano y saco lo que quiero palpando formas, tecnología digital del mas alto nivel. Fue así, rascando el fondo, cuando descubrí que los carnets se habían mudado.

Me pareció que lo mejor era que estuviesen guardados en el bolsillo de arriba, el de la cremallera rota.
A día de hoy ahí siguen…y son mios.

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1 comentario

  1. Atir

    No me ha desaparecido la sonrisa de la cara durante toda la lectura de esta aventura bibliotecaria…..dos palabras que me broten ante lo leido? …melodía y ritmo.

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