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Cuatro

Madre y niña de Jessie Willcox Smith

Madre y niña de Jessie Willcox Smith

El otro día, entre que se cocían las judías verdes y llenaba el lavaplatos se me ocurrieron los planos para fabricar una máquina del tiempo.
Tras importantes cavilaciones concluí que tamaña obra de ingeniería cosmonáutico-neutrónica no cabía en el garaje, así que decidí fabricarla en mi mente.
Cuando vi que las judías ya estaban blandicas y la encimera despejada de vajilla me monté en mi cachivache y me piré.

Puse rumbo a los anillos de Saturno pero de pronto, cuando iba por la Estratosfera, recordé que había fabricado la maquina para viajar por el tiempo, no por el espacio.
Volví a mi casa y puse en el indicador de vuelo: Cualquier día de 1988
Como tenía un poco de prisa no imaginé como era el viaje, aparecí de pronto en mi casa vieja, en la cocina. Por la ventana vi que mi madre tendía ropa en el patio. Subi a las habitaciones y me encontré. Estaba sola, pintando.
Mi yo de ocho años me miró, bizqueaba un poco con el ojo izquierdo. Era muy bonita. Me hubiera quedado mirándome toda la tarde pero tenia que recoger a los mosqueteros del cole y no había ni un minuto que perder.
– Hola Sendita, soy tu yo del futuro y vengo a venderte un detergente…
-¿Queee?
– Ay calla, que me he liado…soy Senda taitantos (36 para ser mas exactos) vengo a decirte que cuando tengas unos años mas inviertas en una empresa llamada Microsoft.
– ¿Por que?
– Porque quiero tener pasta antes de los veinticinco…¡ah! otra cosa, estudia historia, no te morirás de hambre.
– ¿Historia? pero si yo quiero ser Mama.
– y lo serás, de tres chicos ni mas ni menos
– ¿chicos? ¿y no tendré ninguna hija?- miré con pena el dibujo que estaba haciendo, dos muñecas una grande y la otra pequeña iban de la mano.
No girls nena. Oye Sendita, me tengo que ir, recuerda lo de invertir y estudiar lo que te pete. Te quiero mucho.
Mi yo de ocho años se levantó y me dio un abrazo. Era tan adorable que me hubiese quedado pintando con ella.

Volví a mi nave y puse rumbo a cualquier día de 2042: objetivo HijoMediano.
Aparecí en una playa preciosa, llena de gente. Mire a mi alrededor, iba a ser imposible encontrarlo entre tantas toallas. Fui caminando hasta el paseo y alli, detrás de la barra de un chiringuito lo vi.
Era alto, greñudo y jodidamente guapo.
Me senté en un taburete vacío y lo contemplé.
-Pst, ¡camarero!
Se acercó sonriente, con cierta parsimonia.
-¿Que te pongo?
-Un café con hielo. Solo. Sin azúcar.
De pronto me miro y se echo a reir. ¡Era la misma risa! Entre me descojono y vamos a liarla parda
-Mi madre se toma el café igual que tu.
-Tu madre es lista, chico.
Me lo preparo, quiero creer que lo hizo hasta con mimo, por eso de que le recordaba a su madre y tal.
-Oye-le dije-¿Y en invierno donde trabajas?
Me miró levantando una ceja, como su padre. Al final lo había aprendido a hacer.
-En Australia nunca es invierno
¿Australiaaa? mire a mi alrededor, ¿como podía ser?
Otra vez la misma risa. Esta vez no estaba a mitad de camino de nada. Era un descojonamiento auténtico. Tenía unos dientes perfectos y los ojos se le achinaron al reír, como de pequeño.
-¡Joder mamá! ¿te crees que no te he reconocido? Estamos en Cambrils.
Tuve que agarrarme al taburete para no caerme de culo. A mi también me entro la risa.
-Ayssss HijoMediano. ¡¡Jajaja!! es que me he fabricado una maquina del tiempo y me han entrado ganas de saber de ti en el futuro.
-¿De verdad?- de pronto me mira sonriente y misterioso- ¿que quieres saber?
-Pues todo…no se, ya solo estar hablando aquí contigo es extraño. ¿Sabes? cuando tenias cuatro años aun no te expresabas bien. No sabíamos que te pasaba por la cabeza.
-No me acuerdo de cuando tenia cuatro años, ¿como era?
-Bueno, a ver por donde empiezo.

Guardé unos instantes de silencio. Cerré los ojos y comencé a hablar.

(continuará…espero)

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1 comentario

  1. M

    Me encantas… Me parto con cada historia tuya… Esperando estoy la segunda parte…

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