Un día vas a ver a una amiga y te presenta a un tipo peculiar ya de entrada. Es bastante corriente y moliente salvo por una cosa, es un armario ropero de grande.
Al principio te apabulla un poco, tanta carne, tanta envergadura, pero tu amiga te lo presenta y te cuenta que lo conoce y es majo.
Así que quedas con el un día, con recelo, no es que sea una cita de amor, el grandon, al que llamaremos Foster, solo quiere contar cosas.

En la primera cita Foster llega sin prisa, yo ya ando torciendo el morro «no se que me contara», pues nada, se sienta y me cuenta un movidon estrambotico, una especie de tribunal de admisión en una escuela de tenis o universidad que acaba fatal.
Por que acaba mal? Ya te lo he dicho, porque el protagonista tiene un ataque.
Ah, no se en que momento me has empezado a hablar del ataque…

Escuchar a Foster es así, te esta contando la cosa mas aburrida del mundo, utilizando palabras rarunas como atetosicamente, sigmoide o posprandial y de pronto la acción cambia y pasa a hablar de un asesinato. Como aquella vez que se paso rato y rato contándome los pormenores de un juego llamado Escatón, yo creía morir de sopor, no me enteraba de nada y empece a ver sus labios moverse pero solo podía oír blablablabla, cuando regrese de mi disociación algo había pasado y el torneo de Escaton se había convertido en una pelea todos contra todos, con sangre, huesos rotos y puñetazos. Foster nunca te deja caer al vacío del todo.

Mezcla personas y temas sin consideración a tu persona y si le sale del pito y aunque te este hablando detalladamente de como funciona Alcoholicos Anonimos pasa a relatar un cacho de conversación que tiene lugar entre un travesti espía y un terrorista en silla de ruedas al borde de un barranco en Tucson, Arizona. Cuando habla del alcoholismo te sientes cirroticamente enfermo. Cuando habla de los del barranco describe cada micro movimiento corporal, cada sonido realizado con la boca, cada mancha de la piel o dientes, cada modulación de la voz, lo describe todo tanto que a veces le interrumpo, me estas vacilando?, no, no te vacilo.
Pues yo me siento estúpida ahora mismo.

En general, le gusta ir a su aire, a veces no se si me habla hasta las cejas de porros o con la lucidez mental del ayuno prolongado, a lo Buda. A veces tengo que exprimirme el cerebro para hilar hechos, otras veces lo que me cuenta es tan abyecto que creo estar ante un maldito psicópata, como esa vez que me dijo como habían empalado a un mafias canadiense. Foster me hizo un recorrido turístico del palo de escoba por todo el tracto digestivo, describiendo como sonaba, como se veía y como se sentía. Aterrador.
Todo lo que dice sucede en EEUU en un futuro extraño donde ha habido tanta contaminación que una parte del territorio es como una zona radiactiva que es mejor no pisar, la gran concavidad. Pero lo de la gran concavidad es un tema que te cuenta de pasada, como atrezzo. En realidad habla mucho de una escuela de tenis elitista y de un centro de desintoxicación. Ambos sitios, escuela y centro, están a una colina de distancia. Todo queda en casa.
Una vez te acostumbras a su forma de hablar y de ser dejas de cuestionarte si todo es una cámara oculta y empiezas a disfrutar de verdad, de no entender nada y de entenderlo todo. Te encariñas con sus personajes y sus historias (muy fan de Don Gately) y ya te da igual lo que cuente. Llega un momento en el que lo mas importante es quedar con Foster.

Hasta que un día, a mitad de un recuerdo, enmudece. Ya no tiene mas que contar, es así, sencillamente ha terminado lo que tenia que decir.
Ahora imaginate que bajas corriendo una colina, corriendo a todo gas y de pronto descubres ante ti un barranco. Frenas en seco, te quedas casi de puntillas al borde del abismo, con tus brazos haciendo el molinete hacia atrás para no caer.
Así te deja Foster.