Tarde en Venecia. Pablo Ritter

Mi abuelo se llamaba Paco. Nacio en 1920. Murio en 2002.
Recuerdo cuando lo vi por ultima vez en su casa, mi desinterés, «un saludo a los abuelos y me marcho a hacer otras cosas mil veces mas interesantes» y, ahora lo se, mil veces intrascendentes.
Ya era mayorcita, 22 años, pero todo mi cuerpo bullía inmerso en la ingenua ignorancia del que sabe que existe la muerte pero esta bien lejos.
Realmente la muerte era para mi algo ajeno, otros se morían, no yo, otros padecían, no yo.

Lo volví a ver una vez mas, en una UCI. Estaba consciente, dicharachero y repitiendo sin cesar «a ver si me reparan, que me dejan como nuevo».
No hubo reparación posible y al siguiente amanecer sus pulmones pararon.

Pero que escritora ni que narices! repasa lo escrito anda!
tu cuerpo bullia inmerso en que? jajaja! perdona que me ria pero escribes una frase y te atascas, escribes dos palabras y te preguntas si transmiten lo que de verdad quieres decir…y dudo que sepas lo que quieres decir.
No escribes bien. Hay personas que te dicen que si lo haces, véase: amigos, familia…pero tu no te lo crees porque sabes que no escribes lo que de verdad piensas. Y por que?
Pues porque tienes un miedo atroz a verte.
Ya, ya, ya se que no eres una mujer depravada, con ideas extrañas sobre otras personas, ya se que no oyes voces en tu cabeza y que no te da por drogarte pero mira, no te quiero hundir en la mierda vale? chapa el blog.
Así de claro te lo digo, dejalo, no posteas nunca, no escribes nada ni en papel, no tienes ideas y cuando crees que las tienes se te van así, fiuuuu!
Te acuerdas de lo que paso el otro día? Encontraste varias hojas arrancadas de un cuaderno, había un cuento escrito por ti, de tu puño y letra. No recordabas cuando lo escribiste ni como se te ocurrió, no recordabas haberlo tenido en la cabeza jamas. Lo leíste sorprendida y al final casi te llevaste las manos a la boca con un grito de estupefacción.
Oscar Wilde.
Habías escrito el nombre del verdadero autor de ese relato al final del texto, era un cuento de Oscar Wilde!
Dilo, di la palabra que te vino a la cabeza en ese instante, dilo!
Impostora.
Así te sientes cuando escribes.
Así me sentí cuando murió mi abuelo y pensé en la ultima vez que fui a verlo.