Hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana…
¡Ay no! que no era así…hace mucho tiempo escribí sobre mi terrible vicio de leer novela negra. Me pase años leyendo todo tipo de asesinatos, familiarizada con multitud de polis o investigadores. Era mi droga, no salia de ahí. Algunos eran francamente sórdidos y un par de veces cerré algún libro asqueada, «¡oh no!»-pensaba-«ahora no podre quitarme esta escena de la cabeza» pero daba igual, porque volvía a chutarme el siguiente.
Al principio me gustaba, la intriga, los giros dramáticos que muchos autores se curraban, la minuciosidad de los asesinos y sus taraduras. Más tarde, mucho más tarde, años y años más tarde de repente me aburrí.
Y ahí estaba yo, con mi vacío lector y mi aburrimiento existencial sin saber hacia donde leer, ¿como saber lo que me gustaba?, estaba intoxicada de novela negra y decidí dejar el vicio.
Puede que no fuese la mejor idea pero un gran mal debía arreglarse con una gran solución así que sin pensármelo dos veces me atice La broma infinita.

Me costo tres meses terminarlo. Estuve tres meses en rehabilitación y lo conseguí.

Sin embargo, la cabra tira al monte y Netflix lo sabe. Un día, un miserable día que se me ocurrió hacer una maratón de David Tennant haciendo de detective de homicidios en Broadchurch y Netflix me lo recordó para siempre, para siempre…para siempreeeeee (lease con susurro reverberante)

Pues eso, que ya no leo pero como diría Barricada «lo veo todo en blanco y negro».