El otro día, dando un paseo, llegue a la cima de una montaña que se erigió de la nada en el principio de los tiempos, allá por la era cuaternaria o mesozoica, algo así.
La montaña tenia su enjundia, considerada por muchos la cima mas antigua del mundo, había sido elegida por un grupo de filósofos que se habían retirado allí para la observación silenciosa del paisaje, la meditación sobre la condición humana y el debate de Gran Hermano VIP.

Como estaba cansada de la ascensión al pico me senté en un pedrusco, un poco apartada y les pregunte si alguna vez sentían que llegaban a algún tipo de conclusión trascendental.
«Jamás»
«Siempre»
«A veces»

Pues hay que joderse, pensé.
Luego les pregunte por las filosofas y me dijeron que estaban lavando la ropa.
La misma historia de siempre.
Había un árbol caído al lado de donde estaba. Cogí un leño y me imagine que les reventaba la cabeza a todos.
Asombrada de mi propia violencia hui montaña abajo. No me despedí ni nada. Cuando iba por la mitad y ya empezaban a aparecer los árboles perennes oí una voz en mi interior: «¿Adonde vas ignorante? ¿Acaso no ves que no puedes huir de ti misma?»
¡Anda!, pues es verdad.
Así que me pare con el corazón al borde del colapso y cuando me hube repuesto baje hasta el valle dando un paseo.
Soplaba el aire y hacia sol.
Ropa tendida ondeaba a mi paso.