En Julio del año 2009 un pequeño bote pesquero que faenaba por la costa de Porto Alegre, al sur de Brasil, encontró flotando a la deriva una botella.

Tal hallazgo no habría sido más que anecdótico si no fuese porque, en el interior de dicha botella, había un papel enrollado y recubierto de una sustancia cerosa e impermeable que se resquebrajó al tocarla.

Se trataba de una carta, estaba escrita en francés y decía así:

Querida Frida,

Me queda muy poco tiempo.

Pronto se terminará el oxígeno y ya no tendré fuerzas para escribirte. Te amo con toda mi alma y estoy profundamente triste porque no voy a conocer a nuestro futuro hijo, ¡que terrible es todo!

Pensábamos que los cálculos del profesor Eckhart eran tan precisos…¡cuan equivocados estábamos!.

No sé donde estoy, en algún lugar de las profundidades, mucho más abajo de lo que habíamos planeado descender. La ultima anotación de coordenadas fue 61º latitud norte 6º longitud oeste, después, perdí la conexión con el buque, el cable telégrafo quedó inservible al llegar a los 4.000 pies…y seguí bajando.

El talud desapareció y como estaba a más de 4.500 pies se hizo la oscuridad más absoluta. Me di cuenta de que algo no iba bien cuando comprobé aterrado que el batiscafo seguía imparable el descenso, ¿cómo podíamos no haber visto en las cartas que se abría semejante fosa a nuestros pies?

El cable no soportó tanta tensión y se rompió. Me estrellé en el fondo con una sacudida y me hice daño en el brazo (el mismo brazo que me rompí montando a caballo en Gante la primavera pasada).

No sé cuanto tiempo llevo aquí. He llorado mucho, mi querida esposa, al pensar en ti, en nuestro hijo, que nacerá tan pronto, en mis padres… ¡Ah! querida Frida, la ciencia, el estudio y la geografía que tantas alegrías me han dado, no me consuelan ahora.

Me pregunto también si Dios estará aquí abajo, en medio de esta oscuridad, de este abismo acuoso ¿qué pensará si me ve? es más, ¿qué verá si mira?

Un diminuto batiscafo, con un hombre asustado en su interior, que utiliza el último hálito de vida que le queda para escribir una carta de despedida a su amada esposa.

He pecado Frida, he pecado de soberbia, de creer que podría domeñar las profundidades marinas y todo lo que en ellas existía y ahora y aquí cumplo mi penitencia, que no es otra que la de permanecer hasta la muerte en medio de tal inmensidad y sentir toda mi pequeñez.

Se acaba el tiempo, la vela que uso para escribir me ilumina y a la vez va consumiendo el mismo aire vital que yo.

Si algún día lees estas líneas es que Dios fue misericordioso y permitió que la botella que protege esta carta pudiese ser expulsada de mi pequeño habitáculo a través de la escotilla por la que se recogen muestras.

¡¡Te amo con toda mi alma Frida!!

Que Dios os bendiga y os proteja.

Edward Opdenacker

Un año y medio antes del hallazgo de la botella, la sonda abisal Prospector, de nacionalidad danesa, finalizaba, sin éxito, su segunda misión, que consistía en descubrir la entrada a la fosa submarina que científicos belgas y daneses, a principios del siglo XX, habían calculado que se encontraba a unos 4.000 pies de profundidad en las aguas del Mar del Norte.

El gobierno brasileño remitió el manuscrito al Instituto Geológico de Bruselas y a los científicos del proyecto Prospector en Copenhague.

Tal descubrimiento fue impactante puesto que el geógrafo Edward Opdenacker había dejado escritas unas coordenadas que nada tenían que ver con las que ellos manejaban en el proyecto.

61º latitud norte, 6º longitud oeste.

Un par de años después de encontrar la botella, la sonda Prospector volvía a penetrar en el océano, al sur de las islas Feroe.

A los cuatro días de haberse sumergido, devolvió la imagen digital de un pequeño objeto, apenas mayor que un ataúd, descansando en el fondo marino a casi 5.800 pies de profundidad.

Después, dejó de emitir señales al buque nodriza y desapareció.

Tres meses más tarde la guardia costera de la ciudad de Porto Alegre, al sur de Brasil, detectó una señal en su sonar.

Prospector había emergido.

Posteriores estudios de todos los datos que la sonda había ido registrando, revelaron que en las capas mas profundas de la corteza terrestre se abría una sima, que comunicaba el planeta desde el círculo polar ártico hasta el sur del continente americano.

Bélgica y Dinamarca aún se disputan la autoría del descubrimiento de la fosa transoceánica Opdenacker.

La carta fue entregada, tras ser restaurada, a los descendientes de Edward y Frida, que iniciaron todos los trámites burocráticos y diplomáticos para recuperar el cuerpo de su tatarabuelo.

Mientras tanto, el pequeño batiscafo y su ocupante permanecen a la entrada de la sima, como el guardián inmortal de una puerta que conduce a lo inmenso, a lo profundo y a lo infinito.