Arboricultura, Jardinería, Ranas, Culebras, Juegos y Dibujos Animados

Autor: Senda Página 3 de 16

¿Qué hay de nuevo, vieja?

Que me gusta tener hijos mas que ser madre. Que soy valiente pero no demasiado. Que soy huraña y me gusta. Que detesto a la gente falsa aunque se muestre amable. Que a veces me pongo en modo humorístico para ocultar que no se muy bien que hacer. Que puedo dejar de querer sin drama alguno y que puedo darme cuenta en un segundo de cuanto quiero a alguien. Que con 37 años ya no vale echarle la culpa de mis mierdas a mis padres. Que no me gusta la leche. Que las manzanas me dan dolor de estomago y los plátanos ardor. Que lloro por cualquier cosa y eso esta bien. Que cualquier cosa que suene a dogma o a norma inamovible me repatea. Que ser ama de casa me esta convirtiendo en feminista. Que siempre pienso que todo va a ir bien. Que vivo una vida cómoda y nada es permanente. Que soy humilde. Que he vivido enfadada gran parte de mi existencia y ahora ya no me sirve sentirme así. Que «no quiero», «no me apetece» y «no tengo ganas» no es de vagos o cobardes. Que no me gusta tomar el sol. Que tengo miedo de morirme pronto y de los monstruos que viven en la oscuridad. Que a veces me siento insegura hablando con alguien. Que miro como desgastan los zapatos los hombres y según como lo hagan pierden todo su atractivo. Que jamas llevo pendientes, ni collares, ni relojes, ni pulseras. Que me encantaría llevar pendientes, collares, relojes y pulseras. Que tengo buenos reflejos. Que soy organizada, metódica y pragmática. Que tengo buena memoria pero no me quedo con las caras. Que no se que hacer laboralmente. Que me arrepiento de algunas decisiones vitales que he tomado. Que la vida me parece, a veces, una rueda de hamster. Que cualquier mínimo detalle me vale para lo que sea.  Que me encanta el mar. Que aborrezco las tiendas de campaña. Que me aburre tomarme algo en una terraza. Que las conversaciones plagadas de lugares comunes me resultan soporíferas aunque yo acabe diciendo lo mismo. Que me gusta el olor a madera quemada en chimenea o estufa. Que el viento me da dolor de cabeza y la primavera me desconcierta.

Que me encanto conoceros.

La broma infinita

Un día vas a ver a una amiga y te presenta a un tipo peculiar ya de entrada. Es bastante corriente y moliente salvo por una cosa, es un armario ropero de grande.
Al principio te apabulla un poco, tanta carne, tanta envergadura, pero tu amiga te lo presenta y te cuenta que lo conoce y es majo.
Así que quedas con el un día, con recelo, no es que sea una cita de amor, el grandon, al que llamaremos Foster, solo quiere contar cosas.

En la primera cita Foster llega sin prisa, yo ya ando torciendo el morro «no se que me contara», pues nada, se sienta y me cuenta un movidon estrambotico, una especie de tribunal de admisión en una escuela de tenis o universidad que acaba fatal.
Por que acaba mal? Ya te lo he dicho, porque el protagonista tiene un ataque.
Ah, no se en que momento me has empezado a hablar del ataque…

Escuchar a Foster es así, te esta contando la cosa mas aburrida del mundo, utilizando palabras rarunas como atetosicamente, sigmoide o posprandial y de pronto la acción cambia y pasa a hablar de un asesinato. Como aquella vez que se paso rato y rato contándome los pormenores de un juego llamado Escatón, yo creía morir de sopor, no me enteraba de nada y empece a ver sus labios moverse pero solo podía oír blablablabla, cuando regrese de mi disociación algo había pasado y el torneo de Escaton se había convertido en una pelea todos contra todos, con sangre, huesos rotos y puñetazos. Foster nunca te deja caer al vacío del todo.

Mezcla personas y temas sin consideración a tu persona y si le sale del pito y aunque te este hablando detalladamente de como funciona Alcoholicos Anonimos pasa a relatar un cacho de conversación que tiene lugar entre un travesti espía y un terrorista en silla de ruedas al borde de un barranco en Tucson, Arizona. Cuando habla del alcoholismo te sientes cirroticamente enfermo. Cuando habla de los del barranco describe cada micro movimiento corporal, cada sonido realizado con la boca, cada mancha de la piel o dientes, cada modulación de la voz, lo describe todo tanto que a veces le interrumpo, me estas vacilando?, no, no te vacilo.
Pues yo me siento estúpida ahora mismo.

En general, le gusta ir a su aire, a veces no se si me habla hasta las cejas de porros o con la lucidez mental del ayuno prolongado, a lo Buda. A veces tengo que exprimirme el cerebro para hilar hechos, otras veces lo que me cuenta es tan abyecto que creo estar ante un maldito psicópata, como esa vez que me dijo como habían empalado a un mafias canadiense. Foster me hizo un recorrido turístico del palo de escoba por todo el tracto digestivo, describiendo como sonaba, como se veía y como se sentía. Aterrador.
Todo lo que dice sucede en EEUU en un futuro extraño donde ha habido tanta contaminación que una parte del territorio es como una zona radiactiva que es mejor no pisar, la gran concavidad. Pero lo de la gran concavidad es un tema que te cuenta de pasada, como atrezzo. En realidad habla mucho de una escuela de tenis elitista y de un centro de desintoxicación. Ambos sitios, escuela y centro, están a una colina de distancia. Todo queda en casa.
Una vez te acostumbras a su forma de hablar y de ser dejas de cuestionarte si todo es una cámara oculta y empiezas a disfrutar de verdad, de no entender nada y de entenderlo todo. Te encariñas con sus personajes y sus historias (muy fan de Don Gately) y ya te da igual lo que cuente. Llega un momento en el que lo mas importante es quedar con Foster.

Hasta que un día, a mitad de un recuerdo, enmudece. Ya no tiene mas que contar, es así, sencillamente ha terminado lo que tenia que decir.
Ahora imaginate que bajas corriendo una colina, corriendo a todo gas y de pronto descubres ante ti un barranco. Frenas en seco, te quedas casi de puntillas al borde del abismo, con tus brazos haciendo el molinete hacia atrás para no caer.
Así te deja Foster.

Dudas

 

 

Ahora le toca el turno a las FAQ de HijoMediano.
Tiene cinco años y hasta ahora parecía que lo tenia todo claro, pero no. Sus comentarios y preguntas han llegado de sopetón. Ahí van:

 

-Lo que mas deseo es que haya flores por todas partes.
-Mama, por que estas tan calentita?, eres el Sol?
-Que le pasaría a La Tierra si se muriesen todas las personas y no quedase ni una?
-Cuando sea papa, podrás ser tu la madre? y la yaya?
-Si no me lavo los dientes, me convertiré en un viejo sin dientes?
-Cuando tenga seis años podré hacer lo que quiera. Ahora no porque tengo madre.
-Como se formaron las piedras? Por qué al árbol se le llama árbol?
-Cuando te mueras volverás en fantasma o en zombi?

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Diálogo
-Cual es el numero mas grande? el que mas, el que detrás no tenga ya ningún numero.
-Es que los números son infinitos, siempre va a haber uno mas grande detrás de otro.
-Que noooo! el mas grande te digo, el que llegue hasta la Luna o el Sol, hasta el techo.
-Pero que te digo que los números no tienen fin!
-Pero cual es?…CUAAAAL??
-…bffff, mira hijo, que los números no tienen…
-DIMELOOO!!!
-Un millón de billones de trillones de miles de millones de cientos de trillones de millones de trillones de cuatrillones de miles de millones…
-Ves como si que había uno, mamá?

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Diálogo
-Oye Mediano, esta noche si te pasas a mi cama procura no despertarme, vale? tu te metes sigiloso y ya.
-Que es sigiloso?
-En silencio, sin ruido.
Esa misma madrugada, horas después.
-Eh! Mama, mira, me estoy pasando a tu cama sin despertarte.
-…pero si me acabas de despertar…para decirme eso.
-Pero te lo digo bajito, en sigiloso.

Chimpún!

Decepción

Tenia seis años, iba a 1º EGB y se acercaban las navidades.
La profesora (que se llamaba Maricruz) nos iba preguntando uno a uno que queríamos para Reyes y lo apuntaba en la pizarra, ¿para que? pues muy fácil. Esa mañana sus majestades y sus pajes iban a acercarse por el cole a recoger nuestros mas íntimos deseos materiales.
Yo de niña era tímida y lo de hablar delante de todos me producía un picorcillo incomodo así que le hable a la solapa de la camisa cuando me toco a mi.
-Senda, ¿que quieres para Reyes?
-La villa de Chabel
-¿La bola del saber?
-nooo, la-villa-de-Chabel (¡por dios que vergüenza!)
-¡Anda! sal a la pizarra que no te oigo.
(Ahí ya tenia que haber visto que ese iba a ser un día de mierda)
-LA VILLA DE CHABEEEL!!

Luego nos sacaron, ordenaditos y en fila, al gimnasio. Mis nervios estaban a flor de piel, la emoción me iba a implosionar…mi querida y deseada Villa de Chabel, solo era cuestión de minutos tenerla en mis manos.
El gimnasio estaba decorado con espumillones, cajas (de zapatos) envueltas en papeles de mil colores y bolas de navidad. Había lazos, cintas, lucecitas y un radiocasette voceaba que «esta noche es nochebuena y mañana navidad».
Sentados sobre una tarima estaban los tres reyes, con sus barbas y sus coronas y unos pajes negros como el betún lucían dientes blancos y turbantes con plumas. Yo miraba las cajas enfebrecida, son todas demasiado pequeñas para mi pedazo villa, ¿cual sera?. Una maestra me llamo al orden: me había separado de la fila y sopesaba la sorprendente liviandad de esos regalos envueltos.
Cáspita-pensé-parecen vacíos pero…no puede ser, ellos están aquí y todo esto son nuestros regalos

Me toco sentarme en las rodillas de uno que tenia la túnica verde raso.
-¿Has sido buena?
-¡Buenísima!
-¿Que has pedido?
-La villa de Chabel- volví a decir para la solapa de mi camisa.
-Muy bien, muy bien…¡hala! vete por ahí que os van a dar chocolate con bizcochos.
-Pero…¡¡¡y mi villaaa!!
-Ya te la llevaremos.

Me baje de la tarima confundida «joer me ha tocado el rey chocho, seguro que el negraco que tenia detrás y que ahora no veo ha ido a la clase a dejarme el regalo»

Volvimos de nuevo ordenaditos y en fila a la clase. Por el camino empece a dudar de todo «Algo huele a podrido en Dinamarca» pensé (o algo parecido).
En nuestra aula nos esperaban humeantes vasos de plástico con chocolate y dos bizcochos por cabeza.
Mis compañeros comían, a mi se me había cerrado el píloro y en un alarde sin parangón de valentía infantil deje de lado mi timidez y me acerque a la profesora a pedirle explicaciones
– ¡¿Por que no esta el regalo sobre mi mesa, maldita sea?!
– Nooo, el regalo te lo dejaran en casa, el día de Reyes en enero.
-Y entonces, ¿esos regalos del gimnasio?
-Son para otros niños
«¡pero que coj…!»

FURIA, HOSTILIDAD, GANAS DE INCENDIAR EL COLE Y ARROJAR EL CHOCOLATE ARDIENDO A LA CARA DEL BARBUDO CHOCHO DEL GIMNASIO.
Me habían engañado. Estafa nacional. Me había ilusionado para nada y a cambio me daban un chocolate que se podían meter por donde amargan los pepinos.
Entonces ¿para que montar semejante espectáculo en el gimnasio?, ¿para que apuntar en la pizarra nuestras peticiones?

Why!, Why! WHYYY???

Hice lo que todo crio de seis años en mi situación hubiese hecho…llorar a moco tendido.

Fue un mal día en el que sentí en carnes la decepción.

No me trajeron la villa de Chabel ni ese año ni los siguientes pero pronto me olvide de ella, es lo que tiene tener seis años. Sin embargo, nunca un (no)juguete ha sido tan rotundo en mi aprendizaje.

Los calcetines de la fiebre

«Enferma en cama» de Agustina Guerrero

Son dos, uno para cada pie y tienen quince o dieciséis años. Fueron concebidos para que alguien a quien le gusta la montaña los comprase y le abrigasen del frío mientras subía un 3000 o se fuese al nevero de la Chimbamba.
Yo no los compre, los hurté. Y como ese delito ya habrá prescrito puedo confesarlo.

Corría el año 2000 (año arriba, año abajo) me había salido un trabajo de verano en una tienda de deportes regentada por un tío cutre salchichero, un explotador que se pasaba los derechos de los trabajadores por el arco de triunfo pero que vestía camisas de Pedro del Hierro y conducía un BMW, vamos, lo que se conoce como «el mundo entero ha de saber que soy rico».
A mi, al principio, me daba un poco igual, solo pensaba en las pelas y en los chicos pero, en algún momento de ese verano se me hinchó la vena y decidí tomarme la justicia por mi mano. Empecé chorizando tonterías sin importancia, unas gafas de nadar, una linternita, pilas…

En una de esas me lleve a casa los calcetines. Son de la marca Lorpen de un color entre blanco y verde desustanciado, para pies del 39 al 42. Suben del tobillo hasta un poco antes de que la pierna se ponga gorda con la pantorrilla.
La goma esta dada de si pero no se caen. Son unos calcetines inteligentes. Permanecen en el pie hasta algún punto indeterminado de la noche en el que se deslizan, notan cuando ya me he dormido o cuando mis pies ya están calientes y salen sigilosos, sin hacer ruido.

Durante mucho tiempo no los use en absoluto, no les encontraba utilidad.
Podría haberlos bautizado como calcetines de dormir, seria lo suyo pero su verdadero nombre es calcetines de la fiebre.

Para comprender porque se llaman así tenéis que salir de vuestro ordenador y meteros en mis pulmones.
Mis pulmones eran fuertes y robustos, hasta que miles de bacterias y virus traídos de guarderías y clases de preescolar los invadieron episódicamente. Ahora son tirando a delicados, cualquier perturbación de la fuerza la acusan y me protestan enseguida en forma de bronquitis, toses…y fiebre.
Tener fiebre es algo muy chungo. El cuerpo se convierte en bipolar: cabeza ardiendo, espalda congelada, manos tibias, pies fríos, sudores helados, castañeteo, tripa como un horno, sudores calientes…los calcetines de la fiebre equilibraban todo ese locurón térmico.

Ahora duermo con ellos desde octubre hasta mayo. No tengo fiebre todo ese tiempo pero si los pies fríos. Son un gran indicador de que un ápice de lozanía juvenil me esta abandonando despacito.
Cuando haga mas calor los lavare, los tenderé al sol y los guardare. En octubre seguirán ahí, otro año mas.
Espero que me duren mucho tiempo.

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