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Categoría: Aversiones y admiraciones

Tú, que estabas a mi lado.

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No se como te llamas, ni los años que tienes (ya empiezas a estar viejuna, eso si), ni cual es tu categoría profesional.
Pero, lo que si se es que me caes mal.
Me trataste como el culo, como si fuese una cría de mierda.
No me diste explicaciones coherentes a las preguntas que yo te hacia.
No te importo el dolor que sentía, ni la angustia que me reconcomía.
Tu voz raspaba, tu boca se torcía y tus ojos nunca se posaron en los mios.
Eres una bruja, una asquerosa y una profesional inmunda.
Vaya para ti (solo para ti) todo mi veneno emponzoñado, toda mi sed de venganza chunguera y toda mi hostilidad.

 

¡Que a gusto me he quedado, por dios!

The Knick

«Joder, joder que no sea una preñada»
Es una preñada

«Mierdas, ¡encima que no se vea como la rajan!»
Se ve

«Halaaa! ¿y me van a hacer ver como se muere ella?, ¡al menos salvaran al bebe no?
Todos muertos

Con estos escalofriantes pensamientos me he enganchado como una perra a la serie «The Knick»

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Si, es la típica serie de médicos y hospitales.
Si, hay un médico algo borde y rolletes (sexuales y no) entre unos y otros. También hay médicos residentes, conductores de ambulancia, directivos del hospital, inspectores de sanidad…

Pero, es distinta a todas las demás. Está ambientada en un hospital neoyorkino de principios del siglo XX y la gracia de estar ambientada en esa época radica en que los procedimientos médicos eran de 1900, por lo tanto, te vas a enterar, querido espectador, de todos los detalles quirúrgicos y terapéuticos que se estilaban por esos años.

Vestuario de 1900. Procedimientos de 1900. Situación política de 1900.
Banda sonora del futuro.
Otra de las cosas que me ha fascinado de esta serie es su música, que descoloca la primera vez que la oyes.
¿Acaso no te cortocircuita estar viendo imágenes de un carro tirado por caballos en las calles de una ciudad del siglo pasado con este acompañamiento?

Os digo lo de siempre cuando hago un comentario sobre un libro o un autor o, en este caso, una serie, si queréis información veraz os vais a la wikipedia, yo solo os vomitaré sapos y culebras si no me ha gustado u os patearé el culo de forma metafórica para que vayáis a leer o ver algo a toda máquina.
Con esta serie lo digo clarito, vedla, no me seáis muy escrupulosos con la sangre y el bisturí y os garantizo una primera temporada (se ha firmado para grabar la segunda, thank god!) repleta de un no se qué parecido a la drogadicción.

El ataque de las cucarachas mutantes II

Somos unos exterminadores.
Al principio me subía en las sillas cuando una de ellas corría por el suelo de la cocina, llamaba corriendo a mi maridín para que viniese raudo, zapatilla en ristre, a cargarse el bicho.
Eso fue antes de la invasión masiva y de mis ataques de insomnio provocados por los desfases de sueño del primer trimestre del embarazo.

Después, vinieron las pilladas in fraganti a altas horas de la madrugada. Encendía la luz de las escaleras y ¡arrea! como bajaban escalones esos seres negros y abyectos. Huían de mi como del demonio sin sospechar que, ellas mismas me resultaban el demonio.
En esa época comencé a fumigar directamente sus cuerpos brillantes con Casa y Hogar aroma lavanda pero recordemos que estaba en el primer trimestre del embarazo y el olor me producía tales arcadas que las ejecuciones no terminaban mas que conmigo inclinada sobre la taza del váter y varias cucarachas escapando indemnes.
Después, llegó Raid aroma frescor natural con un porcentaje de Tetrametrina mayor que otros de su misma calaña.
También acabé odiando su olor.

Noche tras noche, decenas de ellas caían. Sus cadáveres se iban por la taza del váter (no creo en la resurrección de la carne pero dejarlas por la basura de la cocina me daba mal fario)
Tapábamos grietas con yeso, hacíamos pulverizaciones preventivas. Colocábamos cebo por los armarios del fregadero. Fabricábamos trampas sacadas de internet. Limpiábamos escrupulosamente el suelo de la cocina y encimeras para no dejarles ni una triste migaja (el pequeño de dos años ha contribuido muy activamente a su alimentación).

Luego, llegaron las vacaciones.
Una semana fuera. Siete días de silencio y tranquilidad.
Cuando volvimos no había cucarachas. Alguna minúscula que ya matábamos a pisotones pero, nada de las cuadrillas de antaño.
Un par de semanas después siguen desaparecidas.
Creemos que se han muerto de soledad.
O que están preparando la huevada padre y nos vamos a cagar.

El ataque de las cucarachas mutantes I

A las cucarachas les mola mi casa.
Más concretamente la zona de las escaleras, cocina y pomponera (pomponera= dícese del espacio situado entre el hueco de la escalera y la cocina, separado por un tabique, donde el gato de la casa, Pompón, realiza sus necesidades areniles, come y bebe. También se puede usar ese espacio como escobero)

Las cucarachas son seres que a la mayoría de la gente le repelen. Yo formo parte de esa mayoría.
He analizado profundamente qué es exactamente lo que hace que una cuca me provoque un vértigo del músculo cardíaco y una intensa desazón en el plexo solar.
No es su forma, en realidad, las cucarachas son negras o marrones oscuras, tienen patas, antenas y su tacto es duro y no asqueroso (no queráis saber como lo sé, solo añadiré que fue involuntario).
No babean, no tienen pelos muy visibles como algunas moscas, abejorros y arañas, no suelen emitir sonido aunque me han dicho que «chillan», entonces, ¿que me produce tanto asco de ellas?

Su estampida.
Son las cuatro de la mañana, madrugada de verano, calor. Bajas a la cocina a beber algo, enciendes la luz y ¡zas! salen disparadas en mil direcciones (alguna osada hacia tus pies desnudos), y las descubres metiéndose por agujeros infinitesimales de las baldosas, entre los muebles, adentrándose mas y mas en los cimientos de tu casa.
Te imaginas un mundo paralelo al tuyo, caliente y húmedo, lleno de huecos entre la tarima flotante de los cojones y el cemento, donde ellas se han hecho fuertes y desovan a todo trapo. Donde generaciones y generaciones de blatta orientalis nacen y mueren sin cesar.

Nos hemos vuelto unos exterminadores sin escrúpulos pero, nuestras rutinas de asesinato a sangre fría de esos viles seres las contaré en otra entrega.

¡Salta! (que lo publicamos en FB)

Venga va, voy a soltarlo.

Odio las foticos de facebook en las que sale el amigo de turno en una playa, acantilado, bosque, puticlub o en su fucking house, saltando rollo «¡Que bien me lo paso. Mi vida es chuli!»

Esto, que a mi me da vergüenza ajena, llena los álbumes de mucha gente que tiene fotos saltando en tooodos los paisajes de sus vacaciones, o en tooodas las quedadas de más de dos amigos.

-Vamos a hacernos una foto saltando todos.

-¡Para sellar nuestra amistad!

-No, gilipollas, para colgarla en el FB que si no, nadie se enterará de que nuestra vida nos parece chupi.

Alguien que piense que tengo envidia de las vacaciones de la gente, tendrá razón.

Quien piense que que tengo envidia de la felicidad ajena, la estaŕá metiendo hasta la ingle (aparte de que saltando=feliz es una relación ilógica)

Ya se sabe, ahora es de rabiosssssisima actualidad hacerse «selfies saltadores», bueno no, que saltando la foto te la tiene que hacer otro. A lo mejor siempre ha estado de moda pero yo estoy desfasada.

Por cierto la foto de esta entrada es bonita, hay contraste, atardece…generalmente las fotos de tus amigos saltando no quedan así.

Y hasta aquí la aversión de hoy.

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