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Categoría: Observaciones empíricas Página 1 de 2

Cata de palabras

Es un asunto muy loco. Un día, pensando, me di cuenta de que hay palabras que me hacen feliz. No es que me haga feliz lo que significan y ahí viene la locura: me hace feliz pronunciarlas. Me gusta como suenan. Me dan paz al espíritu.
En su mayoría son palabras que prácticamente no pronuncio jamás en una conversación normal así que me las voy ronroneando de vez en cuando, porque yo lo valgo.
Ahí van.

Sotavento. La fuerza de la primera ese junto a la pequeña explosión de las tes me da energía.

Termómetro. Al loro con algunas de estas palabras, veréis que tienen muchas erres, debe ser que a mi la erre me mola, ese vibratto de la lengua en la parte posterior de las palas me parece lo más de lo más.

Palisandro. No es lo que significan pero el palisandro es un árbol de flores moradas y madera oscura que es un primor.

Clepsidra. La mezcla «cl» siempre augura un instante de felicidad, y si a ello le sumamos el apoteósico final con la de y la erre abriendose con fuerza en una a final tenemos un resultado resplandeciente.

Pérgola. Donde este una esdrújula que se quite lo demás.

Amante. Esa apertura para pronunciar la a para cerrar inmediatamente después la boca con la eme, para después volverla a abrir…es una palabra tan extrema en si misma…

Trocanter
. Esta es sencillamente una danza de las erres. Pronunciarla es como un vaivén infantil.

Lapiaz. Ese diptongo seguido de la zeta me alegra el animo.

Palatino. Esta palabra me suena afilada, como una aguja.

Abaco. La a engrandece el paladar y el golpecito de la ce seguido de la o hace que esta me evoque un sonido antiguo.

Taracea. Un hiato al final muy bien puesto.

Efímero. Con la e coges algo así como carrerilla y a partir de la efe te precipitas hacia el resto de la palabra recordándome a un tobogán.

Todas estas palabras maridan muy bien con la lengua escrita.
Porque a ver quien es el valiente que le echa un par y las introduce (exceptuando termómetro y amante) en su lenguaje coloquial…yo, desde luego, no.

Señora ageusia, señora hiposmia

El-sentido-del-gusto-en-los-perrosParecen los nombres de dos vecinas viejicas, viejicas del pueblo. Pero no lo son.
Son los nombres que la medicina da a la falta o reducción del sentido del gusto (ageusia) y a la reducción del sentido del olfato (hiposmia)
En mi caso particular no están diagnosticados por un médico,porque me mola el diagnóstico.com (sres doctores por favor, no rasguen sus vestiduras, al menos no me automedico, en este caso).
Pero vamos, tan claro como que te levantas un día y al no ver nada clamas «me he quedado ciego» pues yo me levante un día, desayuné y dije «no sepo, no huelo».
Y me pregunté como se llamaría la falta de esos dos sentidos. También me sorprendí pensando que tenemos cinco sentidos pero sin duda alguna, los hermanos mayores, los que te cambian la vida si no los tienes o los tienes mermados, los que generan anuncios de tele, fundaciones y son obvios para la humanidad son la vista y el oído.
Después me alegré, a ver si por perder sentido del gusto pierdo un poquico de gana de comer y me quedo estupenda para la operación bikini, pero parece ser que lo uno, nada tiene que ver con lo otro.
Me resulta curioso ver como la falta de unos sentidos se considera algo dramático si te sucede y la falta de otros es invisible casi, casi hasta para el que lo padece (¿os pensáis que me di cuenta de lo que pasaba al primer mordisco?, ¡ja!)

La falta de unos sentidos no te incapacita para la vida cotidiana y la falta de otros si.
Sea como fuere, tengo dos sentidos disminuidos.

Madre del montón de madres

Soy madre. Porque hace casi cinco años nació mi primer hijo. Luego nació el segundo, y seguí siendo madre. Seré madre hasta que me muera, es un titulo vitalicio.

Convertirse en madre o perpetuarse es lo que mi especie (y las miles de especies vivas del planeta) llevan haciendo miles de años. Miles de años. Espera, que no lo has pensado bien, te lo repito. Miles de años.

Miles de años.

¿Acaso soy consciente de las millones de millones de mujeres que habrán gestado, parido, criado antes que yo, a la vez que yo y lo seguirán haciendo cuando deje de ser fértil? No, no lo soy.

¿Acaso me creo especial y maravillosa y mis hijos los mas guapos del universo? si, lo creía…hasta que dejé de creerlo (bueno, lo de que mis hijos son los mas guapos reguapos aun lo pienso).  Mis hijos me han enseñado muchas cosas, pero una de las enseñanzas más útiles que me han dado es la de «acabarás tragándote tus palabras, una a una»

Una a una, sin compasión, sin miramientos, me las he ido engullendo.La madre amantísima y superapegada fue devorada por la desquiciada y renegona. Esta dio paso a la gritona y victimista y la gritona fue tragada, finalmente, por la mediocre.

No corráis a socorrerme «oh pero no digas eso!, tu eres una gran madre». En realidad, casi todas somos grandes madres…y mediocres, normalitas, del montón. Somos hordas de millones en el planeta ¿por qué habría de ser tan especial?

Lo grande de de ser madre está en lo pequeño de ser niño. Mirando hacia abajo, agachándose al metro de estatura y echándole un par de huevos a esa mirada franca, despiadada e inmensa de nuestros hijos. Es en esos momentos cuando atisbo que puedo llegar a ser una madre excepcional, por el simple hecho de que para ellos ya soy excepcional…el resto del tiempo, me conformo con mi mediocridad.
La maternidad es una cosa que se sobrevalora demasiado y a los que hay que valorar, de verdad, es a los hijos.

Preparar una boda

Si quieres sufrir envejecimiento prematuro no hace falta que te torres al sol doce horas, prepara una boda.

Si quieres adelgazar flácidamente o engordar grasientamente, prepara una boda.

Si quieres empezar a teñir las incipientes canas que van a salir en tu melenaza, prepara una boda.

Si quieres pensar en la palabra divorcio, prepara una boda.

Si quieres descubrir lo pelado que andas de pasta, prepara una boda.

Si quieres volver a ser una cría que llora en brazos de su madre porque no encuentra los zapatos que le gustan, prepara una boda.

Si quieres descubrir como la palabra «boda» pone ceros a los precios, tuerce los morros de las dependientas que te ven demasiado gorda o demasiado flaca para ese vestido, si quieres que te aconsejen cosas como «ponte faja», «rellénate el sujetador», «redúcete la muslera», prepara una boda.

Si deseas que todos tus complejos corporales y miedos de imagen te asalten las 24 horas del día, prepara una boda.

Si quieres aumentar tu media de pulsaciones por minuto, prepara un boda.

Si deseas luchas encarnizadas en tu cerebro contigo mismo acerca de los leves matices del color de un vestido y quieres sentir que de la correcta de decisión de ese color dependerá, no solo el éxito de la boda, si no el futuro de la humanidad, prepara un boda.

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Organizar una boda es el puto caos universal. Ni los agujeros negros cósmicos, ni la teoría del caos, ni la coenzima Q10.

Prepara tu boda y accederás a una nueva dimensión de estrés y sufrimiento, garantizado.

Soy negActivista

Te levantas la mañana del día de tu boda, miras por la ventana y compruebas que ha llegado el Apocalipsis, que caen chuzos de punta, rayos y truenos y el mundo se ha convertido en un lodazal infecto.

Estás comiendo tan a gusto y se te cae el tenedor al suelo, compruebas distancia, llegas a la conclusión de que no puedes alcanzarlo con la mano, lo intentas con el pie y al final te tienes que levantar y agachar a recogerlo.

Te despiertas reventado de sueño y descubres que quedaban 10 minutos para que sonara la alarma.

Pierdes un autobús.

Te chocan por detrás.

Te sale un hijo furo.

Te aburres.

Te jode.

Te cabreas.

Te jode.

Si ahora mismo sientes ese joder en tu cuerpo es que eres negactivista. Bienvenido al club. Somos unos cuantos.

Si tu cerebro ha hecho un esfuerzo por ver el lado positivo de cada una de las situaciones arriba mencionadas, siento decir que quizás eres un postizo de tomo y lomo, de la tribu de los «iluminati» (si no has necesitado hacer esfuerzo alguno por ver lo guay de la vida, me quito el sombrero).

No busquéis negactivista en la RAE, no está. Esta absurdez de palabra me la inventé para este post y significa que a mi, lo que me jode, me jode. Sin filtros, sin rodeos.
No me gustan las expresiones «me molesta, me parece mal, I am disappointed » noooooo, asin no!!
No hay nada más bello, honesto y saludable para con uno mismo que permitirse ser un negactivista. Serlo no significa que la vida a través de nuestros ojos sea gris (eso sería ser negativo), significa que cada cosa, situación, conversación, observación que nos genera un sentimiento de los considerados negativos (cabreo, decepción, mala leche, pena, aburrimiento supremo) es bien recibida y aceptada tal cual.

Los negactivistas no disfrazamos el odio de «ligera molestia», no podemos, nuestras facciones no están diseñadas para ello, así como tampoco nuestras neuronas resistirían el esfuerzo de ver lo positivo de una situación sumamente mierdera.

Para un negactivista las cosas pasan porque pasan y punto, y si te pasa algo bueno hay que disfrutarlo a tope y si te pasa algo malo hay que protestar y desahogarse, se puede llorar y pensar «¡más me valdría haberme reventao

Conversación típica entre un negactivista y un «iluminati»
-Brrrrrr!! que frío hace
-¡Si, que bien!
-¿Bien? estamos a cero grados.
-Bueno, pero así sabremos apreciar mejor el verano.
-Yo ya aprecio el verano sin necesidad de pelarme de frío. 
-Yo es que he decidido disfrutar tanto del frío como del calor.
– ¡Ah ya! (y yo he decido que a partir de este momento mis conversaciones contigo serán banales y superfluas).

Otro ejemplo:
-¡Tenía una entrada para el concierto de los Rolling y no la encuentro!
-¡Qué mierda! ¡revuélvelo todo!, ¡mira en la basura!, ¡prende fuego a la casa!…¡saca la escopeta!
-No pasa nada, será que no tenía que ir. Hay que tomarse las cosas como vienen.

Y otro para finalizar:
-¡Mi hijo no ha obtenido la plaza en el fantástico colegio que deseábamos con todas nuestras fuerzas!
-¡Joder! estaréis enfadados ¿no?
-Un poco, pero bueno, será que debemos compartir a nuestro maravilloso niño con el resto del mundo.

Pero, pero, pero…¡¡Pero que me estas contandoooo!! lo más acojonante de esto es que las dos ultimas conversaciones están basadas en hechos reales.

En resumen, si un día aparezco con cara de «no es país para viejos» es que ese día toca eso. Por favor, no me obligues a ver el lado positivo de nada, ni me digas frases de calendario de autoayuda de los de «un día, una frase», ni me cites las bondades de una sonrisa sincera.

Déjame ser tan simple como una palanca.

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