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Categoría: Plantas Página 2 de 5

La sangre de los árboles

¿Qué pasaría si la savia de los árboles fuera de color rojo como la sangre?. Pues que el árbol de la imagen de arriba se vería de la siguiente forma…

¡Más madera!

Mucha gente piensa que cuando los árboles de hoja caduca están sin hojas es imposible distinguirlos. Pero esto no es así, en invierno podemos saber de que especie se trata observando con atención la corteza de un tronco. Está claro que las hojas secas del suelo pueden proporcionar muchas pistas, como también el entorno donde crece el árbol (la ribera de un río, unas laderas escarpadas, la huerta, etc).

Curiosamente la mayor parte del interior del tronco de un árbol es madera sin vida. La corteza también está formada por células muertas ya que a medida que se produce el engrosamiento del tronco, las células se desgarran y se interrumpe el suministro de agua y nutrientes hacia los tejidos más externos. Hacia el interior las células del tronco mueren gradualmente al quedar incomunicadas por colapso, formando la albura y el duramen que son las partes más duras y apreciadas de la madera. La parte más importante del tronco está justo debajo de la corteza y se llama cambium.

Girasoles de septiembre

Fragaria vesca

Las fresas que comemos habitualmente proceden de la Fresa Salvaje (Fragaria vesca). Su tamaño es mucho mayor pero el sabor de la original es imposible de imitar.

Si vas caminando por Pirineos fijate en los márgenes de los senderos y descubrirás unos diminutos puntos rojos colgando de los tallos florales. No las confundas con los frutos de la Dulcamara (Solanum dulcamara) que son tóxicos como otras plantas de la familia de las solanáceas.

La Fresa es de la familia de las rosáceas y presenta las hojas dividivas en tres foliolos con los bordes dentados, cuyos peciolos nacen directamente de una roseta basal y, como puede verse en la imagen, son pilosos. En realidad una fresa no es un fruto, pues se trata de un engrosamiento del receptáculo floral. Los frutos auténticos son las pepitas o semillas que hay sobre esta sabrosa estructura.

La reproducción de la fresa es muy rápida porque además de propagarse a través de las semillas dispersadas por la fauna que germinan en lugares húmedos, algo sombrios y con un suelo rico en humus, la planta forma unos tallos especiales llamados estolones que se extienden en todas direcciones arraigando y formando nuevas rosetas.

A mi parecer esto genera una paradoja, pues aunque las nuevas plantas formadas a través de estolones sean completamente independientes su material genético es idéntico por lo que prados llenos de matitas de fresas pueden considerarse como un único ejemplar desde este rebuscado punto de vista. Se trataría de prados de clones. Después de esta paja mental sobre la que espero que no mediteis mucho, que aún es verano pero lo bueno se acaba, lo mejor es animarse a comer unas fresas salvajes que están muy ricas, antes de que termine la temporada.

El control de la erosión

La importancia de las plantas como protección contra la erosión del suelo es muy patente en las orillas del Canal Imperial de Zaragoza. Si no fuera por las raíces de estos Plataneros (Platanus hispanica), se hace necesario colocar bloques de hormigón o grandes piedras para evitar los estragos que produce el arrastre del agua.

En otros tramos del canal sin arbolado, los juncos y carrizos se encargan de la misma tarea fijando el la tierra con su entramado subterráneo de raíces e incluso se crea nuevo suelo por avance de la vegetación. En ecosistemas esteparios también los líquenes protegen contra la erosión y por eso es tan importante la conservación de una cobertura vegetal de calidad en cualquier ambiente que nos encontremos, ya que es la mejor forma de luchar contra la erosión y solo cuando faltan las plantas es cuando aparecen los desiertos.

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