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Categoría: Vertedero de ideas Página 1 de 4

Soñar es gratis

Relativity de M.C.Escher

Relativity de M.C.Escher

Estamos en una sala, reunidos. Tres tipos que no conozco de nada, una mujer de unos sesenta años y yo. La conversación va de un chico que todos conocemos que puede viajar en el tiempo y va cambiando pequeños detalles de nuestra historia sin que lo sepamos.
A todos les parece la cosa más normal del mundo pero yo estoy indignada.
Les pregunto si les parece bien y como parece que si me enciendo en un discurso inflamado sobre la capacidad de cada individuo sobre elegir sus propias acciones y termino gritándoles «¡¿y que hay del libre albedrío de cada uno de nosotros?!»

Estoy con mi amigo Mac en una ciudad europea (París o Berlin, ahora no recuerdo). Es de noche. Mac lleva un abrigo de paño oscuro. Caminamos en silencio.Todo muy molón y muy friendly si no fuese por el pequeño detalle de que la ciudad está llena de zombis y andamos buscando una armería.

Es la salida del cole, estoy montada en una bicicleta. Uno de los profesores sale y me dice «Tu sillín tiene que soportar muchos gramos de peso por centímetro cuadrado», le miro furibunda y un poco avergonzada «¿Me estas llamando gorda, cabrón?»

Estoy en un edificio viejo. Entro en el ascensor que tiene un ojo de buey por el que se ven los diferentes pisos. Le doy al botón para subir pero, para mi terror, el ascensor comienza un vertiginoso descenso. Por el ojo de buey se suceden pisos y pisos hacia abajo. Finalmente llega al sótano. Por la ventana de la puerta no hay mas que oscuridad. De pronto la puerta se abre y estoy aterrada: sin salir de la cabina miro hacia la mas negra de las oscuridades y siento que ese sótano es inmenso y que hay presencias espectrales esperando a que salga.

Hay alguien en mi casa. Estoy en peligro y en modo pánico. Corro por el pasillo y siento los pasos de otro ser que corre por detrás, alguien cruel y malvado que me matara si me coge. Al final del pasillo está la habitación de mis padres. No puedo para de correr, lo mas importante en ese momento es escapar. Veo la ventana cerrada y en un microsegundo decido que me pienso estampar contra ella, romper los cristales y saltar los ocho metros que me separan de la calle. Pero cuando estoy cerrando los ojos para recibir el impacto, el cristal se convierte en una sustancia blanda que hace una burbuja a mi alrededor y salgo flotando. Estoy salvada.

El mundo ha sufrido una especie de Apocalipsis y hemos vuelto a una prehistoria forzada. Voy descalza por un camino de piedras, llevo un vestido de cuero sin curtir, basto y marrón. Me acerco a un campo de trigo y cojo unos granos en la mano mientras pienso «no será tan difícil volver a empezar».

Doy vueltas y mas vueltas en una habitación sin ventanas, murmuro para mis adentros la misma frase sin parar: «cerilla, cerilla, ¿como se dice?, cerilla, cerilla, ¡venga!, cerilla, cerilla» de pronto paro «¡match!»

Estoy en Edimburgo. El escocés mas buenorro y macizon que os podáis imaginar me tira los trastos. Estoy ufana y me siento la reina del universo. Entonces empiezo a hablar y veo que se aleja. De pronto soy consciente de que estoy soñando y mi cerebro me manda un mensaje conciso «háblale en inglés, zoqueta». Aun sueño muchas noches en ese idioma.

Pues eso, que soñar is free!

En los tejados

Según Mac, el paseo ideal seria asomarse al balcón, encaramarse al tejado y darse una vuelta por una ciudad o un pueblo sin pisar el suelo, pasando de azotea en azotea, de tejado en tejado.

¿Por qué recuerdo esto ahora? pues porque el otro día, en casa de mi amiga Georgia, me asomé a su balcón y vi que el tejado de la casa de al lado (tejas ruinosas y llenas de plantas y cacas de paloma) estaba a tiro piedra. Subirse a la barandilla y Zas!

Gato Tejado de Leticia Zamora

Gato Tejado de Leticia Zamora

Georgia decia algo sobre la merienda que se estaban tomando nuestros hijos o a lo mejor me estaba contando algo sobre la casa de enfrente o sobre la histórica fundación de Tbilisi, no se.
Yo ya no estaba allí con ellos. Me habia subido en mi tejado particular y caminaba a zancadas por las tejas de una casa deshabitada.
No me podia creer mi suerte. Caminar por los tejados es terapéutico.
Nadie te ve, nadie mira nunca hacia arriba. Todos caminan mirando al suelo o a las fachadas, a lo sumo. Algunos miran al frente. Nadie me ve.
Desde arriba veo las chimeneas por las que ya sale olor a madera en el fuego. Veo liquen amarillo, esperando paciente a la lluvia para invadirlo todo. El liquen no sabe que la lluvia por aqui se hace rara de ver.
Veo las copas de los chopos que bordean el río, estan ahi mismo, solo estirar los dedos y tocarlas.
Hay cucarachas y ratones que huyen a mi paso. Y gatos sorprendidos de verme por ahi que siguen tomando el sol templado. A los gatos les da igual por donde vaya.

Desde el tejado oigo a la gente hablar por la calle, algunos hablan muy alto, otros van en silencio, como yo.

El tejado se acaba, abajo cruza una calle. No pasa nada. Se saltar de uno a otro.
¿No os lo he dicho? A veces vuelo. Pero esta vez caminar es mejor, cuando vuelo temo estrellarme contra los cables de alta tensión o contra la estacion espacial MIR.

Estoy al otro lado con un halehop! ha sido facil. Estoy cerca de la casa donde vivi de pequeña, a veces he sentido curiosidad por volver a entrar pero hoy no. Las paredes y techos interiores serían como una cárcel para mi ánimo.
Hoy necesito tener el cielo abierto sobre mi. Cielo de la tarde, con olor a madera.
Muy lejos se ve la carretera y más tejados que explorar.
Esta parte del pueblo es vieja y sus casas húmedas.

Me siento al lado de un palomar. Esta cegado con ladrillos. Me gustaria retroceder al día mismo en el que las tejas sobre las que estoy fueron nuevas.
¿Quien las metio en un horno cuando solo eran de barro?, ¿Que albañil las puso ahi arriba?, ¿Donde estan ahora esas personas?, como fueron sus vidas?

Comienza a hacer frio. Oigo grajillas, se reúnen para ir a los dormideros y una cigüeña pasa volando muy cerca.
Creo que debería volver.

-¿Quieres bizcocho tú?
Georgia me mira con un cuchillo en la mano. Sigo asomada a su balcón.

Dentro de un rato estare pisando la calle de nuevo y me conformaré con paredes y techos.

Cata de palabras

Es un asunto muy loco. Un día, pensando, me di cuenta de que hay palabras que me hacen feliz. No es que me haga feliz lo que significan y ahí viene la locura: me hace feliz pronunciarlas. Me gusta como suenan. Me dan paz al espíritu.
En su mayoría son palabras que prácticamente no pronuncio jamás en una conversación normal así que me las voy ronroneando de vez en cuando, porque yo lo valgo.
Ahí van.

Sotavento. La fuerza de la primera ese junto a la pequeña explosión de las tes me da energía.

Termómetro. Al loro con algunas de estas palabras, veréis que tienen muchas erres, debe ser que a mi la erre me mola, ese vibratto de la lengua en la parte posterior de las palas me parece lo más de lo más.

Palisandro. No es lo que significan pero el palisandro es un árbol de flores moradas y madera oscura que es un primor.

Clepsidra. La mezcla «cl» siempre augura un instante de felicidad, y si a ello le sumamos el apoteósico final con la de y la erre abriendose con fuerza en una a final tenemos un resultado resplandeciente.

Pérgola. Donde este una esdrújula que se quite lo demás.

Amante. Esa apertura para pronunciar la a para cerrar inmediatamente después la boca con la eme, para después volverla a abrir…es una palabra tan extrema en si misma…

Trocanter
. Esta es sencillamente una danza de las erres. Pronunciarla es como un vaivén infantil.

Lapiaz. Ese diptongo seguido de la zeta me alegra el animo.

Palatino. Esta palabra me suena afilada, como una aguja.

Abaco. La a engrandece el paladar y el golpecito de la ce seguido de la o hace que esta me evoque un sonido antiguo.

Taracea. Un hiato al final muy bien puesto.

Efímero. Con la e coges algo así como carrerilla y a partir de la efe te precipitas hacia el resto de la palabra recordándome a un tobogán.

Todas estas palabras maridan muy bien con la lengua escrita.
Porque a ver quien es el valiente que le echa un par y las introduce (exceptuando termómetro y amante) en su lenguaje coloquial…yo, desde luego, no.

De madrugada

insomneParece que el sueño de toda mi vida, no tener sueño jamás y por tanto, no necesitar dormir, se está cumpliendo poco a poco.
Heme aquí, a estas horas posteando, porque me fui a dormir a las 22:30, ahora son las 04:44.

Me he dado una vuelta por la red. Googleo «embarazo semana 22», me meto en foros de embarazadas para dar a luz en enero a ver que dicen y mas cosas del estilo que la gente se piensa que por ser el tercero ya no hago, por estar de vuelta de todo y sabermelo de los anteriores pero, aquí y ahora lo confieso: lo hago.

Visito un par de blogs o tres personales, no comento (me da pereza, juas!), descubro que los post de kilometro no los leo ni en diagonal, tomo nota de no postear nunca sabanas santas pero nunca digas nunca jamás.
Finalmente, termino devorando blogs de streetstylers y celebrities. Si señor, con dos cojones. Podría ver alguna guarrada pornográfica o trollear foros de cocineros en pie de guerra por la subida de precio de las sartenes con teflón pero no, me dedico a un vicio que a la mañana siguiente desaparece con la luna: tendencias de moda, que se llevara en otoño, como ponen a parir a Kim Kardashian o siete razones para llevar pajarita.

Ese pequeño secreto desaparece al amanecer junto con todos los consejos que leo porque, siendo sincera, nada, repito, nada de lo que leo trasciende luego a mi look.

Intento ponerme collares de esos que llevaba hace años y que mis hijos empiezan a usar para disfrazarse y es como si me apagaran cigarrillos en el cuello:
-¡Dios mio que agobio de collar, me estoy asfixiando!
-¡Pero si te cuelga hasta las tetas!
-Ais!, pues me parece como que me ahorcan

Trato de llevar pendientes pero mis delicados orificios lobulares supuran sangre en cuanto sienten el vil metal perforando.

Los pañuelos me acaban dando calor

Los gorros no me cubren las orejas y me dan aun mas calor

Los zapatos ¿que zapatos? las pisamierdas de toda la vida

Los vaqueros, #pormenosde20€

¿Las camisetas? mueren con honores, apolilladas o embolisadas, tras cuatro o cinco temporadas de uso intensivo.

Además, últimamente me ha dado por la beneficencia y no solo pido a mis amigas que me den ropa para los niños es que detecto a las que se están quedando sílfides posparto y les pido (¡que demonios! les suplico) que me den su ropa fatty pregnant.

¡A Dios pongo por testigo, que algún día saldré a la calle divina de la muerte ideal de la vida!

Canción triste de Hill Street

Si piensas que las cosas mas horribles te van a pasar.
Si una pelea absurda de pareja te hace llorar demasiado rato, desmedidamente.
Si notas que tienes miedo de todo, de todos, miedos infundados, miedos concretos.
Si temes perder el control y no recuperarte nunca.

Si esta letra te parece una balada, entonces, bienvenido a mi balada particular.
No hay nada que hacer, mezclo los dos polos de la existencia, nacer y morir.
Desear que mi padre resucite.
Desear que mi tercer hijo no nazca.
Tengo miedo de que sucedan las dos cosas anteriores, porque no deseo a mi padre de vuelta, ni a mi bebe muerto.

Muchas veces digo «hablar de algo no hace que ese algo te suceda», faltaría más. Pero, tengo miedo de que esta vez sea así.

Dejarse fluir por los reinos del temor, sin esforzarse por salir y sin hundirse mas de lo que ya estoy es muy difícil. No quiero que nadie me anime, no quiero que nadie me desanime.

La octava ecografía de mi vida.
El bebé se mueve, no mucho. El corazón le late. Mide como mi dedo índice. Dicen que es demasiado pronto para notar como se mueve, pero lo noto. Golpeteos, espasmos.

En la esquina, arriba del todo (creo).
El nicho de mi padre es fácil de encontrar. Aún no tiene lápida. Ayudé a mi madre a escogerla hace unos días, una negra, sin florituras.

Abuelo y nieto están donde les corresponde estar en este momento y parece ser que les importa bien poco donde esté el otro. No saben que la llegada de uno y la marcha del otro han hecho que yo sea la que esté en todas partes y en ninguna a la vez.

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