Hace algunos años trabaje en la identificación de restos arqueológicos, sobre todo pequeños carboncillos de madera quemada.

También aparecían restos de caracoles y semillas.

La madera, incluso quemada, conserva su estructura interna y es posible su identificación con lupa binocular, paciencia y la bibliografía adecuada.

Sin embargo en el caso de las semillas la tarea se me hacia más difícil.

Una de las más frecuentes era la semilla de Vid (Vitis vinifera). Imaginé que con la uva de la que salieron esas semillas los romanos debieron hacer sus buenos vinos.

También identifiqué la Malva y alguna gramínea del género Carex.

Pero pronto se hizo evidente que no llegaría a la especie en la mayor parte de las semillas y como lo que interesaba era el número de restos y su frecuencia procedí a asignarles nombre a las semillas desconocidas. Esta de la izquierda se llamo Cascabel.

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